Venezuela vuelve a exportar crudo: 4 millones de barriles rumbo a Europa e India

5 de febrero de 2026

De Globovisión a la «Flota Fantasma»: El expediente definitivo contra Raúl Gorrín.

6 de febrero de 2026

Adiós al «compañero»: Lula suelta la mano de Maduro y exige democracia en Venezuela.

5 de febrero de 2026
Comparte

En el corazón del Palacio del Planalto, el aire que respira Luiz Inácio Lula da Silva ya no es el de la nostalgia ideológica, sino el de un realismo geopolítico frío y calculado. En una extensa y reveladora entrevista concedida esta mañana al portal UOL, el mandatario brasileño ha trazado la que será su hoja de ruta ante el terremoto político que sacude al continente: una Venezuela sin Nicolás Maduro —detenido por fuerzas estadounidenses hace un mes— y bajo el incierto interinato de Delcy Rodríguez.

Lula ha sido cortante, casi quirúrgico. Al ser interrogado sobre si Brasil movería un solo dedo para gestionar el retorno de Maduro o de su esposa, Cilia Flores, al poder, la respuesta no dejó lugar a interpretaciones: «Esa no es la preocupación principal». Con esta frase, el líder del PT sepultó años de una retórica de proximidad con el chavismo para dar paso a una nueva doctrina. Para Brasilia, Maduro es hoy un actor del pasado; la mirada de Itamaraty está puesta en el mañana institucional.

La democracia como único puerto

El análisis de Lula sugiere que Brasil ha comprendido que la crisis venezolana ya no se resuelve con solidaridad de partido, sino con estabilidad de Estado. El presidente enfatizó que su verdadera obsesión ahora es «saber si hay posibilidad de fortalecer la democracia en Venezuela».

Este enfoque marca una distancia prudente de la conducción de Delcy Rodríguez. Lula evitó darle un cheque en blanco a la actual figura del Ejecutivo en Caracas, señalando que la responsabilidad de convocar a elecciones y restaurar el orden civil recae exclusivamente en los venezolanos. No hay, en sus palabras, un reconocimiento ciego, sino una observación vigilante de cómo se moverán las fichas bajo la sombra de la intervención.

El teléfono rojo con Donald Trump

Uno de los puntos más agudos de la entrevista fue la revelación de su reciente conversación con el inquilino de la Casa Blanca. En un ejercicio de equilibrio diplomático, Lula relató haberle recordado a Donald Trump que «América Latina es una zona de paz». Es un mensaje con doble destinatario: por un lado, frena las ínfulas belicistas de Washington y, por otro, establece que Brasil no permitirá que la región se convierta en un tablero de juegos de guerra extrarregionales.

Lula fue directo con el magnate republicano: «Deje que los venezolanos resuelvan sus propios problemas». Este reclamo de soberanía será el eje del encuentro «ojo a ojo» que ambos mandatarios mantendrán en Washington la primera semana de marzo. Lula sabe que, bajo la tutela de EE. UU., Venezuela corre el riesgo de convertirse en un protectorado, y su estrategia es evitar que la bota estadounidense se perpetúe en la frontera brasileña.

La economía como bálsamo social

Más allá de la alta política, Lula introdujo un factor de análisis profundamente pragmático: el petróleo y la migración. Para el mandatario, no habrá democracia sólida con una economía en ruinas. Fue explícito al señalar que la recuperación de PDVSA es una urgencia regional. Lula añora la Venezuela que producía 3.7 millones de barriles diarios, no por una cuestión de mercado, sino porque entiende que solo la riqueza petrolera puede detener la sangría migratoria.

Con el dato de los 8.4 millones de venezolanos en el exilio sobre la mesa, el presidente brasileño puso el foco en lo humano: la creación de condiciones para que ese éxodo regrese. Para Lula, el éxito de la transición no se medirá solo en urnas, sino en cuántos venezolanos decidan que su patria vuelve a ser un lugar seguro para vivir.

El bloque de la mediación

Finalmente, la nota que resuena en Brasilia es la de la unidad regional. Lula no pretende ser un quijote solitario frente a Washington. Reconfirmó que su actuación está blindada por una alianza con Gustavo Petro y Claudia Sheinbaum. Este eje Bogotá-Ciudad de México-Brasilia busca ser el contrapeso civil a la influencia militar estadounidense, intentando que el interinato de Delcy Rodríguez sea un puente y no un muro hacia una salida electoral.

En conclusión, la entrevista de hoy revela a un Lula que ha decidido soltar lastre. Sin Maduro en la ecuación, Brasil apuesta por una Venezuela funcional, productiva y, sobre todo, soberana. El mensaje para Delcy Rodríguez es claro: Brasil acompañará, pero no tutelará. El mensaje para Trump es más firme: América Latina no es su patio trasero, sino una zona de paz que exige respeto.

Vea la entrevista completa:


Comparte
Lea más
Adiós al «compañero»: Lula suelta la mano de Maduro y exige democracia en Venezuela.
Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Al continuar navegando, usted acepta nuestra Política de Protección de Datos.
Leer más