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Una nueva escalada en la guerra que involucra a Irán volvió a sacudir este jueves los mercados energéticos mundiales, luego de que varios buques petroleros fueran atacados en el Golfo Pérsico y cerca del estratégico estrecho de Ormuz, una de las rutas más importantes para el comercio mundial de crudo.

Según Reuters, al menos varios petroleros y buques mercantes fueron atacados en aguas del Golfo, algunos de ellos mediante embarcaciones cargadas con explosivos. Uno de los ataques dejó al menos un tripulante muerto y varios buques incendiados, lo que elevó las preocupaciones sobre la seguridad de la navegación en la región.

El incidente ocurre en medio de la guerra iniciada el 28 de febrero tras los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes, un conflicto que ya ha tenido consecuencias directas en el comercio energético global.

Un chokepoint crítico para la energía mundial

El estrecho de Ormuz, entre Irán y Omán, es uno de los puntos estratégicos más sensibles del sistema energético mundial. Aproximadamente una quinta parte del petróleo que se consume en el planeta pasa por ese corredor marítimo.

Desde el inicio de la guerra, el tráfico marítimo en esa ruta se ha desplomado drásticamente, con una caída de hasta 97% en el tránsito de buques petroleros debido al riesgo de ataques y minas navales.

La situación ha obligado a numerosas compañías navieras a suspender sus operaciones en la zona y ha dejado decenas de barcos anclados fuera del estrecho a la espera de condiciones más seguras.

El mercado petrolero reacciona: del alivio al nuevo salto

El impacto en el mercado del petróleo ha sido inmediato.

Según indicadores, el precio del Brent subió más de 6% tras los ataques a los buques y llegó a 97,93 dólares por barril, mientras el West Texas Intermediate (WTI) alcanzó aproximadamente 92,50 dólares.

El repunte se produce apenas dos días después de que el crudo experimentara una corrección importante. El 10 de marzo el Brent había caído hasta cerca de 85 dólares por barril, luego de señales de estabilización en el conflicto y declaraciones políticas que sugerían una posible contención de la guerra.

Sin embargo, los ataques a buques petroleros devolvieron al mercado el escenario que más teme: una interrupción prolongada del suministro global.

Según Bloomberg, durante la jornada el Brent llegó incluso a superar momentáneamente los 101 dólares, antes de moderar sus ganancias.

El temor central: una crisis de suministro

El problema para el mercado no es únicamente el daño a algunos barcos, sino el riesgo de que la guerra afecte el flujo de petróleo desde el Golfo.

De acuerdo con Reuters, la escalada militar ya ha reducido la producción regional en cerca de 10 millones de barriles diarios, aproximadamente 10% de la demanda mundial.

Para intentar contener el shock, la Agencia Internacional de Energía (IEA) aprobó una liberación histórica de 400 millones de barriles de reservas estratégicas, la mayor en la historia del organismo. Sin embargo, el mercado se mantiene escéptico sobre la rapidez con la que ese petróleo podría llegar efectivamente al mercado.

El riesgo de un nuevo “shock petrolero”

El conflicto ha llevado a varios analistas a advertir que el mundo podría enfrentar una crisis energética comparable a los grandes shocks petroleros del siglo XX.

De acuerdo con un informe citado por ABC News, algunos analistas consideran que el mercado podría estar subestimando la magnitud de la disrupción y que el precio del petróleo podría escalar incluso hacia 120 o 150 dólares por barril si el conflicto se prolonga.

El riesgo es especialmente alto porque el estrecho de Ormuz no solo transporta petróleo, sino también gas natural y productos petroquímicos esenciales para fertilizantes y alimentos, lo que podría amplificar el impacto económico global.

Un conflicto que ya reconfigura el mercado energético

Desde el inicio de la guerra, los precios del petróleo han mostrado una volatilidad extrema.

Según la Agencia Internacional de Energía, el conflicto ya provocó un aumento de en más de 20 dólares por barril en las cotizaciones del crudo durante marzo, impulsado por ataques a infraestructura energética y el colapso del tráfico petrolero en el Golfo.

En paralelo, varios países están tomando medidas defensivas. China, por ejemplo, anunció restricciones a las exportaciones de combustibles refinados para asegurar su suministro interno, mientras que grandes importadores asiáticos evalúan utilizar sus reservas estratégicas.

Un mercado extremadamente sensible

La reacción del petróleo demuestra hasta qué punto el mercado energético sigue dependiendo de la estabilidad en el Golfo Pérsico.

Con casi el 20% del suministro mundial transitando por el estrecho de Ormuz, cualquier interrupción significativa puede desencadenar un efecto dominó sobre la economía global, elevando los costos de transporte, combustibles y alimentos.

Por ahora, el mercado parece moverse entre dos escenarios:

  • una normalización progresiva del tránsito marítimo, que permitiría estabilizar el precio del crudo,
  • o una escalada militar mayor, que podría llevar al petróleo nuevamente por encima de los tres dígitos y reabrir el fantasma de una crisis energética mundial.

En América Latina, el repunte del petróleo tiene implicaciones inmediatas y contradictorias. Para países productores como Brasil, Guyana o México, precios cercanos a los 100 dólares representan un alivio fiscal y mayores ingresos por exportaciones en un momento de desaceleración global. Pero para economías importadoras netas de energía —como Chile, Perú o varios países de Centroamérica— el efecto puede ser el contrario: mayor presión inflacionaria, encarecimiento del transporte y un aumento en los costos de generación eléctrica.

Además, el impacto no se limita al precio de los combustibles. Un petróleo caro suele trasladarse a toda la cadena económica: alimentos, fertilizantes, transporte marítimo y logística. En una región donde la inflación sigue siendo políticamente sensible y donde muchos gobiernos aún cargan con déficits fiscales elevados, un nuevo ciclo de energía cara podría convertirse rápidamente en un problema económico y político.

Por eso, más allá de los ataques a los buques en el Golfo, lo que está en juego para América Latina es si este episodio será solo un shock temporal del mercado o el inicio de una fase prolongada de volatilidad energética global. Si el conflicto en Medio Oriente se intensifica y el petróleo rompe nuevamente la barrera de los 100 dólares, la región podría enfrentarse a un escenario que mezcla oportunidades para algunos exportadores… y presiones inflacionarias para casi todos.


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