A nueve días de la primera vuelta presidencial del 31 de mayo, Colombia parece estar entrando en la fase más decisiva —y más compleja— de la campaña electoral. Las dos grandes encuestas publicadas esta semana, una de Guarumo/EcoAnalítica y otra de Invamer para Noticias Caracol y Blu Radio, coinciden en algo fundamental: Iván Cepeda sigue liderando la carrera presidencial. Pero cuando se observan los detalles, los cruces y, sobre todo, la metodología detrás de cada medición, aparece una realidad mucho más profunda: las dos encuestas no están retratando exactamente al mismo electorado.
Y allí está la clave política de esta elección.
Mientras una encuesta muestra a Cepeda todavía competitivo en segunda vuelta, la otra lo pone perdiendo frente a los principales candidatos de oposición. Mientras una ve una derecha todavía fragmentada, la otra observa un voto anti-Petro mucho más consolidado. Y mientras ambas coinciden en que Colombia vive un clima de fuerte polarización, difieren en algo central: quién está capitalizando mejor ese ambiente.
La diferencia no está solamente en los números. Está en el tipo de votante que cada estudio logra capturar.


El dato más importante: Cepeda sigue arriba, pero ya no domina el escenario
Las dos encuestas dejan un mensaje común: la elección presidencial sigue teniendo a Iván Cepeda como el principal favorito en primera vuelta.
La medición de Guarumo/EcoAnalítica le da 37,1%, seguido por Abelardo de la Espriella con 27,5% y Paloma Valencia con 21,7%.
Invamer, por su parte, muestra un escenario todavía más concentrado: Cepeda aparece con 44,6%, De la Espriella con 31,6% y Paloma Valencia con 14%.
A simple vista, parecería que las diferencias son únicamente porcentuales. Pero no lo son.
La verdadera noticia es otra: ambas encuestas muestran que la elección se convirtió en una disputa entre tres grandes polos —la izquierda representada por Cepeda, la derecha dura representada por De la Espriella y la derecha institucional representada por Paloma Valencia— mientras el centro político prácticamente desapareció del tablero competitivo.
Sergio Fajardo y Claudia López, quienes durante años representaron el espacio moderado y urbano, aparecen reducidos a niveles marginales. En Guarumo, Fajardo marca 3,2% y Claudia López 1,5%. En Invamer, ambos aparecen apenas con 2,4%.
El centro político colombiano, al menos según estas mediciones, parece haber sido absorbido por la lógica de polarización.
La gran diferencia entre las encuestas está en el tipo de votante que cada una está captando
Aquí comienza probablemente la parte más importante —y menos explicada públicamente— de las dos grandes encuestas presidenciales publicadas esta semana.
Porque aunque tanto Guarumo/EcoAnalítica como Invamer realizaron estudios presenciales, probabilísticos y metodológicamente sólidos, ambas parten de una construcción distinta del electorado. Y esa diferencia metodológica ayuda a entender por qué muestran escenarios políticos parcialmente diferentes.
Guarumo/EcoAnalítica construyó su medición sobre un universo de “adultos con intención de votar en 2026”, mientras Invamer parte de la población adulta general y luego filtra a quienes aseguran que “definitivamente sí votarían” en las elecciones presidenciales. Esa diferencia parece técnica, pero tiene implicaciones profundamente políticas.






La consecuencia aparece rápidamente cuando se observan los datos de movilización electoral.
Invamer muestra que solo 61,4% de los encuestados afirma que “definitivamente sí votaría”, mientras otro 15,4% responde que “probablemente sí”. Es decir, la encuesta termina trabajando principalmente sobre un votante más duro, más decidido y políticamente más consolidado.

Debe insertarse justo después del párrafo donde se mencionan los porcentajes de “definitivamente sí votaría” y “probablemente sí votaría”.
Visualmente, esa lámina ayuda a que el lector entienda algo fundamental: Invamer está filtrando hacia el electorado más movilizado y seguro de participar.
Esa lógica también se refleja en otro dato extraordinariamente relevante: el nivel de rigidez del voto.
Invamer registra que 88,8% de quienes dicen que votarán asegura que su decisión ya está totalmente definida. Apenas 10,5% admite que todavía podría cambiar de candidato.

Guarumo/EcoAnalítica, en cambio, parece detectar otra dimensión del electorado.
Su medición sigue mostrando a Cepeda como líder de la primera vuelta, pero al mismo tiempo revela un escenario mucho menos consolidado políticamente y con mayores posibilidades de reorganización opositora.
Eso se hace visible en dos elementos centrales: la distribución más competitiva entre los candidatos de oposición y el enorme nivel de rechazo que genera el propio Cepeda.

Pero el dato verdaderamente decisivo aparece cuando Guarumo pregunta por el candidato por el cual el elector “nunca votaría”.
Allí, Iván Cepeda registra el rechazo más alto de toda la contienda: 42,9% asegura que nunca votaría por él.

Esta lámina es crucial porque introduce el elemento que más diferencia a Guarumo de Invamer: la capacidad de detectar límites electorales y potenciales procesos de unificación del voto anti-Petro.
Mientras Invamer parece medir mejor el voto duro y consolidado, Guarumo parece captar con más claridad algo distinto: la elasticidad del electorado y el potencial de reorganización opositora hacia una segunda vuelta.
Y esa diferencia metodológica —más que cualquier margen de error— es probablemente la principal razón por la cual ambas encuestas terminan mostrando escenarios políticos distintos para el mismo país.
El dato más delicado para Cepeda no está en primera vuelta, sino en el rechazo
Aquí aparece otro punto fundamental.
Guarumo preguntó no solo por intención de voto, sino también por el candidato por el cual el elector “nunca votaría”. Y el resultado es políticamente explosivo.
42,9% respondió que nunca votaría por Iván Cepeda.
Ese nivel de rechazo es más del doble del que registra Abelardo de la Espriella (20,2%) y muy superior al de Paloma Valencia (16%).
Este puede ser el dato más importante de toda la campaña.
Porque muestra que Cepeda tiene un techo electoral potencialmente más bajo de lo que sugieren sus números de primera vuelta.
En otras palabras: Cepeda lidera con claridad, pero también es el candidato que más resistencia genera.
Y eso explica por qué las simulaciones de segunda vuelta muestran escenarios mucho más cerrados.

Segunda vuelta: dos encuestas, dos lecturas completamente distintas del país
Aquí es donde las diferencias entre ambas mediciones se vuelven realmente relevantes.
Guarumo/EcoAnalítica muestra a Iván Cepeda perdiendo frente a los dos principales candidatos de oposición:
- Contra Abelardo de la Espriella: 43,6% vs. 40,0%.
- Contra Paloma Valencia: 44,8% vs. 39,9%.


Invamer ve exactamente lo contrario:
- Cepeda derrotaría a De la Espriella: 52,4% vs. 45,3%.
- También derrotaría a Paloma Valencia: 52,8% vs. 44,3%.



La diferencia es enorme. Y no puede explicarse únicamente por margen de error.
La explicación parece estar en la composición del electorado que cada encuesta logra captar.
Invamer parece medir un voto de izquierda más disciplinado y consolidado. Guarumo parece detectar un fenómeno distinto: la posibilidad de una convergencia anti-Petro más amplia en segunda vuelta.
De hecho, Invamer incluye un dato especialmente revelador: cuando pregunta si el elector votaría por un candidato afín o contrario al gobierno Petro, el país aparece prácticamente dividido en mitades idénticas.
48,4% dice que votaría por un candidato opositor al gobierno y 47,9% por uno cercano al gobierno.
Eso significa que, a nueve días de las elecciones, Colombia sigue partida en dos bloques prácticamente equivalentes.
El país que muestran las encuestas: miedo, inseguridad y agotamiento institucional
Las dos grandes encuestas publicadas esta semana no solo miden intención de voto. También retratan el estado emocional del país que llegará a las urnas el próximo 31 de mayo. Y el panorama que aparece es el de una Colombia marcada por la inseguridad, la fatiga institucional y una profunda sensación de deterioro nacional.
La encuesta de Invamer revela que 52,2% de los consultados considera que el país va por mal camino, mientras apenas 43,3% cree que Colombia avanza en la dirección correcta. La percepción negativa no es aislada: la inseguridad aparece como el principal problema nacional, por encima incluso de variables económicas tradicionales como desempleo o inflación.

Más preocupante aún es la percepción sobre el control territorial y el deterioro del orden público. El 73,8% considera que el Estado y las Fuerzas Armadas han perdido control en zonas dominadas por grupos armados ilegales, mientras 62,1% cree que Colombia ha vuelto —o está cerca de volver— a escenarios de violencia similares a los del pasado.

La consecuencia política de ese clima es evidente: la campaña presidencial dejó de girar principalmente alrededor de reformas económicas o debates ideológicos clásicos y comenzó a concentrarse en temas como autoridad, seguridad, orden y control territorial.
Ese cambio ayuda a explicar por qué los candidatos con discursos más confrontacionales y más fuertes en seguridad son hoy quienes dominan la conversación electoral.
Una paradoja electoral: el país se mueve hacia la derecha, pero la izquierda conserva la estructura política más sólida
Aunque el clima emocional del país parece inclinarse hacia posiciones más conservadoras, la estructura política del electorado muestra una realidad más compleja.
La encuesta de Guarumo/EcoAnalítica revela que 34,2% de los consultados se identifica ideológicamente con la derecha, frente a 27,8% que se considera de izquierda. El centro aparece reducido a apenas 12,6%, mientras un 20% afirma no sentirse representado por ninguna corriente política.

El dato confirma algo que la campaña viene mostrando desde hace meses: el centro político perdió protagonismo y Colombia se está moviendo hacia una lógica mucho más polarizada.
Sin embargo, cuando la encuesta abandona la identidad ideológica abstracta y pregunta por afinidad partidista concreta, aparece una realidad distinta. El Pacto Histórico sigue siendo, individualmente, la fuerza política con mayor identificación ciudadana: 32,7% dice sentirse más cercano al movimiento oficialista, mientras el Centro Democrático registra 22,1%.

La combinación de ambos datos dibuja una de las grandes contradicciones electorales de 2026: aunque el ambiente social parece desplazarse hacia posiciones más conservadoras y de mayor demanda de autoridad, la izquierda todavía conserva la estructura partidista más cohesionada y reconocible del país.
En otras palabras: el electorado parece culturalmente más inclinado hacia la derecha, pero organizativamente la izquierda sigue teniendo la maquinaria identitaria más sólida.
Y eso ayuda a entender por qué Iván Cepeda continúa liderando las mediciones de primera vuelta incluso en medio de un clima nacional crecientemente crítico frente al gobierno Petro.

La campaña entra en su tramo decisivo con un país fracturado y una elección mucho más abierta de lo que parece
A nueve días de la primera vuelta presidencial, las dos grandes encuestas conocidas esta semana dejan una conclusión que, más que una fotografía electoral, parece una radiografía del momento político que vive Colombia: el país continúa profundamente dividido, emocionalmente agotado y atravesando una elección donde todavía existen más certezas sobre el clima nacional que sobre el desenlace final.
Hay, sí, una realidad que ambas mediciones confirman con claridad. Iván Cepeda llega a la recta final como el candidato más fuerte de la contienda. Lidera la intención de voto en los dos estudios y aparece como el principal beneficiario de una izquierda que, pese al desgaste del gobierno Petro, sigue siendo la fuerza política con mayor cohesión organizativa y mayor identidad partidista del país.
Pero las mismas encuestas que consolidan su condición de favorito también revelan el principal riesgo de su candidatura.
Cepeda no solo encabeza la carrera presidencial; también es, por amplio margen, el candidato que genera mayor rechazo. Y esa combinación —liderazgo sólido acompañado de una resistencia igualmente alta— es precisamente lo que mantiene abierta la elección.
El dato más importante de esta campaña podría no estar en la intención de voto de primera vuelta, sino en la enorme dificultad que existe para proyectar qué ocurrirá cuando la elección quede reducida a dos opciones.
Ahí aparece la verdadera tensión que muestran las encuestas.
Invamer retrata un electorado más consolidado, más ideologizado y con decisiones de voto prácticamente definidas. Bajo esa lógica, Cepeda conserva ventaja incluso en escenarios de segunda vuelta. Guarumo/EcoAnalítica, en cambio, parece detectar un electorado más amplio, menos rígido y mucho más susceptible a una reorganización del voto opositor en torno a una sola candidatura.
No son necesariamente encuestas contradictorias. Son, más bien, mediciones que parecen estar observando capas distintas del mismo país.
Una está captando con más fuerza al votante políticamente movilizado y definido. La otra parece registrar mejor el comportamiento de un electorado más fluido, más reactivo y menos ideológico.
Y eso ayuda a explicar por qué ambas coinciden en el liderazgo de Cepeda, pero divergen cuando intentan proyectar el comportamiento del país en una eventual segunda vuelta.
En el fondo, la gran pregunta que hoy atraviesa la elección presidencial colombiana ya no parece ser quién llegará primero el próximo 31 de mayo. Salvo un giro inesperado, todo indica que Iván Cepeda llegará a la segunda vuelta.
La verdadera incógnita es otra: si el voto anti-Petro logrará reorganizarse con suficiente velocidad y eficacia alrededor de una sola candidatura.
Porque las encuestas también muestran algo que probablemente definirá la elección: Colombia sigue prácticamente partida en dos bloques de tamaño similar. Un bloque que todavía respalda, en mayor o menor medida, la continuidad política del petrismo; y otro que, más allá de diferencias ideológicas internas, parece estar encontrando en el rechazo al gobierno un punto de convergencia electoral.
Y esa es, quizás, la conclusión más profunda que dejan las dos mediciones de mayo: la elección presidencial de 2026 ya dejó de ser únicamente una disputa entre candidatos. Se convirtió en un plebiscito emocional sobre el país que dejó el gobierno Petro.
Las campañas entran ahora en su fase más delicada. La izquierda intentará consolidar la ventaja de Cepeda antes de que el voto opositor termine compactándose. La oposición, en cambio, enfrentará una carrera contra el tiempo para convertir el rechazo al gobierno en una mayoría políticamente organizada.
Por eso las dos encuestas más importantes del país hoy parecen mostrar dos Colombias distintas.
No porque una esté necesariamente equivocada y la otra tenga razón.
Sino porque ambas están midiendo, desde ángulos diferentes, un país todavía en disputa consigo mismo.







