Durante años, el petróleo venezolano fue una promesa atrapada entre sanciones, deterioro operativo y decisiones políticas que ahuyentaron a buena parte de la industria internacional. Ahora, lentamente, vuelve a aparecer en las mesas de negociación de las grandes petroleras.
Las petroleras Chevron y Shell están avanzando en acuerdos para ampliar su presencia en Venezuela, en lo que sería el primer ciclo importante de nuevos negocios petroleros internacionales en el país en años. La información, revelada por fuentes del sector energético y publicada inicialmente por Reuters, apunta a negociaciones que incluyen campos en la Faja del Orinoco y proyectos de gas y petróleo en el oriente venezolano.
No se trata solo de nuevos contratos. Lo que está en juego es algo más amplio: el intento de reactivar una industria que posee las mayores reservas probadas de crudo del mundo, pero que durante más de una década ha operado muy lejos de su capacidad real.
El regreso de las petroleras
Entre todas las compañías occidentales, Chevron ha sido la que mantuvo un pie dentro de Venezuela incluso durante los años más duros de sanciones. Su presencia se concentró en empresas mixtas con Petróleos de Venezuela, especialmente en el proyecto Petropiar, en la Faja Petrolífera del Orinoco, la mayor acumulación de crudo extrapesado del planeta.
Las negociaciones actuales apuntan a ampliar esa presencia. Una de las áreas en discusión es el bloque Ayacucho 8, cercano a operaciones existentes de Chevron, donde el objetivo sería aumentar la producción de crudo pesado y mejorar su procesamiento para exportación.
La petrolera anglo-holandesa Shell se mueve en otro frente. Sus conversaciones se concentran en campos del oriente venezolano, particularmente Carito y Pirital, en el estado Monagas, donde se produce crudo liviano y gas natural. Ese tipo de hidrocarburo es crucial para Venezuela: se utiliza como diluyente para mezclar el petróleo extrapesado de la Faja y hacerlo transportable.
Shell también ha explorado el desarrollo del campo de gas Dragon, en aguas venezolanas frente a Trinidad y Tobago, un proyecto que podría conectar con el sistema de exportación de gas de la isla caribeña.
Si las negociaciones prosperan, Venezuela podría volver a atraer inversión de otras compañías europeas que han mostrado interés en regresar al país, entre ellas Eni, Repsol y BP.
Un gigante petrolero debilitado
El interés internacional tiene una razón evidente. Venezuela posee cerca de 303.000 millones de barriles de reservas probadas, la cifra más alta del mundo, por encima incluso de Arabia Saudita.
Pero ese volumen de petróleo contrasta con la realidad operativa del país.
A finales de los años noventa, Venezuela producía cerca de 3 millones de barriles diarios. Era uno de los principales exportadores del planeta y un proveedor clave de refinerías estadounidenses.
Hoy la producción se mueve alrededor de 900.000 barriles diarios, según estimaciones de organismos como la Organization of the Petroleum Exporting Countries y consultoras del sector energético.
La caída tiene múltiples causas:
- expropiaciones masivas durante el gobierno de Hugo Chávez,
- la progresiva politización de Petróleos de Venezuela,
- la salida de empresas internacionales,
- sanciones financieras y petroleras,
- y el deterioro de infraestructura crítica.
El resultado es una industria con enormes reservas bajo tierra, pero con refinerías dañadas, oleoductos en mal estado y escasa capacidad para procesar su propio crudo.
Un negocio que requiere miles de millones
La recuperación del sector petrolero venezolano no será inmediata. Analistas del mercado energético coinciden en que reconstruir la industria requerirá decenas de miles de millones de dólares en inversión.
Buena parte de la infraestructura clave —mejoradores de crudo, plantas de procesamiento, sistemas eléctricos y terminales de exportación— necesita modernización o reconstrucción completa.
Aun así, el atractivo económico es difícil de ignorar.
La Faja Petrolífera del Orinoco contiene enormes volúmenes de crudo extrapesado que, con tecnología adecuada y acceso a diluyentes, pueden convertirse en una fuente de producción sostenida durante décadas.
Algunas proyecciones del sector estiman que, con inversión suficiente, Venezuela podría volver a superar los 2 millones de barriles diarios en la próxima década, aunque alcanzar los niveles históricos requeriría un esfuerzo aún mayor.
El petróleo vuelve al eje central del tablero energético
Mientras se negocian nuevos proyectos, ya aparecen señales de reactivación.
En marzo, Venezuela reanudó exportaciones de crudo diluido tras más de un año de interrupción. Parte de esos cargamentos han sido enviados a refinerías del Golfo de Estados Unidos, que están diseñadas precisamente para procesar crudos pesados como el venezolano.
Durante los años de sanciones, gran parte del petróleo venezolano terminó en Asia, especialmente en China. Ahora el mapa comercial podría empezar a moverse otra vez.
Para las petroleras internacionales, Venezuela sigue representando uno de los pocos lugares del mundo donde aún existen reservas gigantescas relativamente poco desarrolladas.
Para el país, el petróleo vuelve a ocupar el centro de una pregunta que lleva décadas sin resolverse: si sus enormes recursos energéticos pueden finalmente convertirse en estabilidad económica o si seguirán siendo una riqueza difícil de administrar.







