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El Consejo de Estado suspendió provisionalmente el decreto con el que el Gobierno de Gustavo Petro había aumentado en 23% el salario mínimo para 2026. La decisión frena, por ahora, el incremento que llevaba el sueldo básico a $1.750.905 y obliga al Ejecutivo a fijar una cifra transitoria mientras se resuelve de fondo la demanda. No es un simple trámite jurídico: es un movimiento que golpea una de las principales banderas sociales del Gobierno y que ya empieza a sacudir el escenario electoral.

La alta corte suspendió provisionalmente el Decreto 1469 del 29 de diciembre de 2025, que fijaba el salario mínimo en $1.750.905 Decisión consejo de estado sala…. No se trata todavía de una anulación definitiva, pero sí de una señal contundente: por ahora, ese aumento queda sin efectos mientras se estudia de fondo la legalidad del decreto.

Además, el Consejo de Estado no dejó un vacío. Ordenó al Gobierno fijar de manera transitoria un nuevo salario mínimo mientras se resuelve el proceso Decisión consejo de estado sala…. Es decir, el tema no queda congelado, pero el 23% ya no está vigente.

¿Qué fue lo que hizo el Gobierno?

El Ejecutivo justificó el aumento con una idea central: avanzar hacia lo que llamó el “salario vital”. Es decir, un ingreso que realmente permita cubrir las necesidades básicas de un trabajador y su familia.

En el decreto, el Gobierno explicó que tomó como referencia estudios técnicos y que buscaba cerrar, de manera progresiva, la brecha entre el salario mínimo vigente y el costo real de vida 251230-Decreto-1469-MinTrabajo. Con base en ese análisis, decidió un incremento del 23%.

También ajustó el auxilio de transporte en coherencia con esa decisión, fijándolo en $249.095 para 2026 251230-Decreto-1470-MinTrabajo.

El problema —según los demandantes— es que la ley que regula la fijación del salario mínimo establece unos criterios específicos: inflación, productividad, crecimiento económico, entre otros. Y, a juicio de quienes demandaron, el Gobierno se apartó de esos parámetros para introducir el concepto de “salario vital”, que no está expresamente en la norma.

El Consejo de Estado, al estudiar las solicitudes de suspensión, encontró suficientes elementos para frenar provisionalmente el decreto mientras decide si fue legal o no Decisión consejo de estado sala….

No es una derrota definitiva del Gobierno. Pero sí es un golpe jurídico importante.

Aquí empieza la verdadera batalla: la política

Si el debate fuera solo técnico, la discusión giraría en torno a cifras y fórmulas. Pero el contexto es otro: Colombia entra en una campaña presidencial profundamente polarizada.

Y el salario mínimo no es cualquier tema.

Para el petrismo, el aumento del 23% era una bandera social poderosa. Era la prueba de que el Gobierno estaba del lado de los trabajadores.

Por eso no sorprende la reacción inmediata de quienes hoy se perfilan como candidatos presidenciales del petrismo.

Roy Barreras llamó a “rodear al presidente” y convocó movilización en las plazas públicas.


Iván Cepeda calificó la suspensión como “regresiva” y anunció que la respuesta se expresará en las calles.


Daniel Quintero habló de un “atropello” y pidió manifestaciones masivas.

El ministro de Trabajo fue más allá y advirtió que la decisión podría conducir a una huelga general o incluso a un nuevo estallido social.

Y el ministro del Interior, Armando Benedetti, difundió un mensaje en el que planteó el debate en términos directos: esto no es solo una decisión jurídica, es algo que afecta el bolsillo y la dignidad de millones de trabajadores.

La narrativa ya está en marcha.

¿Qué puede pasar ahora?

El Consejo de Estado actuó en ejercicio de su función: revisar si el Gobierno se ajustó a la ley. No toma decisiones pensando en elecciones. Pero sus fallos tienen efectos políticos inevitables.

Y este llega en un momento delicado.

La suspensión puede convertirse en un argumento electoral para el petrismo. Puede alimentar la idea de que cada vez que el Gobierno intenta avanzar en políticas sociales, se enfrenta a resistencias institucionales. Puede servir para cohesionar su base y movilizarla.

Al mismo tiempo, abre espacio para que la oposición argumente que el aumento fue improvisado, técnicamente desproporcionado y fiscalmente riesgoso.

Es, en el fondo, un choque de visiones:

  • Para unos, el salario mínimo es una herramienta de justicia social.
  • Para otros, es una variable económica que debe ajustarse estrictamente a ciertos parámetros técnicos.

Lo que hizo el Gobierno fue inclinar la balanza hacia la primera visión.
Lo que hizo el Consejo de Estado, por ahora, fue recordarle que esa decisión debe estar encuadrada dentro de los límites legales vigentes.

Más que un decreto

Este episodio no es solo sobre una cifra.

Es sobre el papel del Estado en la economía.
Es sobre hasta dónde puede llegar un gobierno en nombre de la justicia social.
Es sobre el equilibrio entre política pública ambiciosa y control institucional.

Y, sobre todo, es sobre elecciones.

Porque cuando el salario mínimo entra en los tribunales, sale de los juzgados convertido en bandera política.

Y en una campaña presidencial tan polarizada como la que se avecina, esa bandera pesa. Mucho.


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