Un análisis de Contexto.info sobre la conversación digital de los últimos 30 días y de la última semana de campaña muestra una contienda donde las denuncias, los cuestionamientos y la confrontación generan mucho más interés que las propuestas de gobierno. Abelardo De La Espriella mantiene ventaja en visibilidad y alcance; Iván Cepeda conserva una comunidad digital intensa y movilizada. Pero el verdadero hallazgo está en otra parte: la conversación parece girar más alrededor del rechazo al adversario que de las soluciones para el país

Hay campañas que se construyen alrededor de una visión de futuro. Y hay campañas que, al acercarse el día de la votación, terminan organizándose alrededor de una pregunta mucho más elemental: ¿quién representa una amenaza mayor para el país?
La segunda vuelta presidencial colombiana parece haberse instalado en ese segundo terreno.
Durante las últimas semanas, Contexto.info realizó dos ejercicios de social listening para observar el comportamiento de la conversación digital alrededor de los dos finalistas. El primero abarca 30 días, entre el 19 de mayo y el 17 de junio. El segundo se concentra exclusivamente en la última semana de campaña, entre el 11 y el 17 de junio.
La combinación de ambos cortes permite observar algo particularmente interesante: cómo evolucionó la conversación desde los días finales de la primera vuelta hasta la disputa directa entre Abelardo De La Espriella e Iván Cepeda.
La comparación exige una advertencia metodológica. Las semanas previas a la primera vuelta transcurrieron en un escenario donde la atención todavía se distribuía entre varios candidatos. La última semana, en cambio, refleja una campaña completamente concentrada en dos nombres. Precisamente por eso la lectura resulta útil: permite observar cómo llegaron ambos candidatos a la recta final y cómo se están comportando ahora que toda la atención electoral se concentra sobre ellos.

La primera conclusión que surge de las mediciones es relativamente clara: Abelardo De La Espriella llega a la recta final con una ventaja en visibilidad digital. Tanto en el análisis de los últimos 30 días como en el de la última semana, el candidato registra mejores indicadores de alcance, interacción y volumen de conversación. La diferencia no es lo suficientemente amplia como para extraer conclusiones electorales, pero sí permite identificar una tendencia consistente: su campaña parece estar logrando una mayor capacidad para capturar atención y permanecer en el centro del debate digital.
Esa capacidad tiene un valor particular en tiempos de sobreabundancia informativa. Cada día compiten miles de contenidos por unos pocos segundos de atención, y las campañas políticas no son la excepción. Lograr que una declaración, una entrevista, un respaldo o una controversia se conviertan en tema de conversación es, en sí mismo, una forma de poder.
Pero la atención es apenas el punto de partida. La pregunta que realmente ayuda a entender el estado de la competencia no es quién está generando más ruido, sino cuál es la naturaleza de ese ruido. Y es justamente ahí donde la conversación digital empieza a ofrecer algunas pistas mucho más interesantes que los números por sí solos.

Hay algo que llama la atención al recorrer los temas que dominaron la conversación durante las últimas semanas: los grandes asuntos de gobierno aparecen menos de lo que cabría esperar en una elección presidencial.
La economía, la seguridad, la educación o la salud no desaparecen del debate, pero tampoco ocupan el centro de la escena digital. Ese espacio parece estar reservado para otro tipo de discusiones: denuncias, controversias, investigaciones, respaldos políticos, símbolos de campaña y cuestionamientos sobre la legitimidad o la credibilidad de los candidatos.
El desplazamiento es significativo. La conversación no parece organizada principalmente alrededor de la pregunta sobre qué país proponen Abelardo De La Espriella e Iván Cepeda, sino alrededor de otra cuestión más inmediata: qué representa cada uno para quienes los apoyan y para quienes los rechazan.
En ese tránsito de las propuestas hacia las percepciones hay una clave para entender el momento político de esta segunda vuelta. Porque cuando los electores comienzan a discutir más sobre los candidatos que sobre sus programas, la contienda deja de definirse únicamente por las ideas y empieza a moverse en un terreno mucho más sensible: el de las emociones que cada candidatura es capaz de despertar.


Hay algo que se repite una y otra vez al recorrer los contenidos que marcaron la conversación de las últimas semanas: el conflicto viaja más rápido que las propuestas.
Las publicaciones que alcanzan mayor difusión no suelen ser las que explican una reforma, detallan una política pública o desarrollan una visión de gobierno. Son las que cuestionan al adversario, responden a una acusación, amplifican una polémica o convierten un episodio de campaña en un nuevo capítulo de confrontación.
La conversación parece avanzar siguiendo ese ritmo. Un señalamiento genera una reacción; la reacción produce una respuesta; y la respuesta abre una nueva controversia. Así se construye buena parte del ecosistema informativo que hoy rodea a Abelardo De La Espriella e Iván Cepeda.
No es una anomalía. De hecho, es una característica frecuente de las campañas polarizadas. Pero sí es una señal reveladora. Mientras las propuestas compiten por ser escuchadas, las emociones compiten por ser compartidas. Y en el entorno digital, donde la atención es el recurso más escaso, las emociones suelen llevar ventaja.
Tal vez por eso la conversación parece estar más poblada de sospechas que de soluciones, más interesada en los riesgos que representan los candidatos que en los programas que ofrecen para gobernar el país.


Basta con revisar los contenidos que marcaron la conversación durante la última semana para entender dónde se está librando buena parte de la campaña. Entre las publicaciones de mayor impacto aparecen denuncias penales, videos satíricos, respaldos de figuras públicas, acusaciones cruzadas y transmisiones concebidas para movilizar emociones y reforzar identidades políticas.
El patrón resulta revelador. Los contenidos que mejor circulan no son necesariamente los que explican una propuesta o desarrollan una idea de gobierno. Son los que generan una reacción. Los que despiertan indignación, adhesión, temor o entusiasmo. En una elección presidencial eso no deja de ser significativo: mientras los programas de gobierno ocupan un lugar relativamente discreto, la controversia se convierte en uno de los principales motores de la conversación.
Parte de la explicación está en la propia naturaleza de las plataformas. Los algoritmos premian la interacción, no la deliberación. Y la interacción suele encontrar un terreno más fértil en el conflicto que en la pedagogía. Por eso buena parte de la conversación digital que hoy rodea a los dos candidatos parece avanzar impulsada más por las emociones que por los argumentos.

Hay una diferencia menos visible que los números, pero probablemente más interesante.
Abelardo e Iván no solo compiten por la atención de los electores. También lo hacen con comunidades digitales que funcionan de manera distinta.
La conversación alrededor de De La Espriella parece comportarse como una red más abierta, capaz de incorporar apoyos, entrevistas, influenciadores, figuras públicas y actores que amplifican su mensaje más allá de los límites tradicionales de la campaña.
La de Cepeda se asemeja más a una comunidad de alta cohesión política. Menos dispersa, más ideológica y particularmente activa cuando la discusión entra en terrenos de confrontación.
Esa diferencia ayuda a entender por qué ambos candidatos pueden aparecer como competitivos incluso cuando sus dinámicas digitales no son idénticas.
Abelardo parece beneficiarse más de la expansión de la conversación. Iván parece beneficiarse más de la intensidad de la conversación.
Y entre la expansión y la intensidad se está librando una parte importante de la batalla digital de esta segunda vuelta.


Quizá allí se encuentre la conclusión más interesante de esta radiografía digital. Después de revisar la evolución de la conversación durante las últimas semanas, la impresión que termina imponiéndose es que la campaña se está discutiendo más desde las percepciones que desde las propuestas. Los candidatos siguen hablando de economía, seguridad, salud o educación, pero esos temas no son necesariamente los que dominan la conversación de mayor impacto. Lo que genera más atención son las referencias a sus trayectorias, sus alianzas, sus respaldos, sus controversias y los riesgos que representan para quienes se encuentran al otro lado del espectro político.
La discusión parece haberse desplazado progresivamente desde los programas de gobierno hacia los candidatos mismos. Más que una comparación entre proyectos de país, la conversación digital se asemeja cada vez más a un debate sobre confianza, credibilidad e identidad política. Los usuarios no solo discuten qué propone cada aspirante, sino qué simboliza, qué representa y qué consecuencias tendría su llegada a la Casa de Nariño.
Esa transformación ayuda a explicar por qué el rechazo moviliza tanto como el entusiasmo. Una parte importante de la energía que circula en redes no parece provenir únicamente del respaldo a una candidatura, sino también de la necesidad de impedir el triunfo de la otra. Y cuando una elección comienza a organizarse alrededor de esa lógica, las emociones adquieren un peso similar —o incluso superior— al de las propuestas. Es una señal de polarización, pero también una muestra de cómo se está construyendo el debate público en la recta final de esta campaña.


Conviene hacer una precisión antes de sacar conclusiones apresuradas. Ninguna de estas mediciones permite anticipar quién ganará la elección del domingo. Las redes sociales no son una encuesta, y mucho menos un sustituto del voto. Lo que sí ofrecen es una ventana privilegiada para observar el clima que rodea a una campaña: qué temas capturan la atención, qué emociones movilizan a los electores y qué narrativas consiguen imponerse en la conversación pública.
Desde esa perspectiva, las mediciones realizadas por Contexto.info muestran una contienda intensa, altamente polarizada y marcada por la confrontación. Abelardo De La Espriella llega a la recta final con una ventaja sostenida en visibilidad, alcance y capacidad para instalar conversación más allá de sus simpatizantes naturales. Iván Cepeda, por su parte, mantiene una comunidad digital activa, cohesionada y competitiva, capaz de sostener su presencia en un entorno de alta tensión política.
Sin embargo, el hallazgo más relevante trasciende a ambos candidatos. Lo que emerge de la conversación digital es una campaña donde el debate sobre las propuestas parece haber cedido terreno frente a las percepciones sobre los candidatos. Las redes hablan más de trayectorias que de programas, más de riesgos que de soluciones, más de lo que preocupa del adversario que de lo que entusiasma del propio candidato.
Tal vez esa sea la mejor definición del momento político que vive Colombia a pocos días de elegir presidente. No una elección donde desaparezcan las ideas, sino una donde las emociones parecen estar organizando la discusión pública con más fuerza que las propuestas. Y eso, independientemente del resultado del domingo, dice mucho sobre el país que llegará a las urnas.
Puede consultar los estudios completos a continuación.







