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MIAMI — Durante años, operó en silencio dentro del sistema financiero estadounidense. Esta semana, dejó de hacerlo. Tomás Niembro Concha, exdirector ejecutivo de Nodus International Bank, se declaró culpable en Estados Unidos de liderar un esquema que desvió más de 24 millones de dólares de la propia entidad que dirigía y, al mismo tiempo, conspiró para evadir sanciones vinculadas a Venezuela.


La confesión, formalizada ante la Fiscalía del Distrito Sur de Florida, no solo cierra un capítulo judicial: abre una ventana hacia una red financiera más amplia, con raíces en la banca offshore del Caribe, conexiones empresariales venezolanas y mecanismos diseñados para moverse en los márgenes del sistema global.


Según el Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ), Niembro utilizó el banco “como su cajero automático personal”, ocultando préstamos e inversiones que, en realidad, beneficiaban a él mismo y al presidente del banco, Juan Ramírez. Entre 2017 y 2023, ambos habrían estructurado operaciones para desviar al menos 24,9 millones de dólares mediante inversiones simuladas, compra de pagarés y préstamos encubiertos.
Pero el expediente va más allá del fraude interno.


De acuerdo con la acusación, entre 2021 y 2023 Niembro también participó en un esquema para realizar transacciones financieras con un individuo sancionado por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) por su relación con Petróleos de Venezuela (PDVSA). El mecanismo, según el DOJ, combinó una operación autorizada —la ejecución de una propiedad en Nueva York— con un acuerdo paralelo no autorizado para devolver el activo al sancionado a través de una empresa fachada, en violación directa de las sanciones estadounidenses.


Niembro se declaró culpable de dos cargos —conspiración para cometer fraude electrónico y conspiración para violar la Ley de Poderes Económicos en Emergencias Internacionales—, cada uno con una pena máxima de 20 años de prisión. Como parte del acuerdo, aceptó la confiscación de al menos 16,9 millones de dólares. La sentencia está prevista para junio de 2026.

Un banco diseñado para operar en la penumbra

La historia de Nodus no comienza con esta confesión, sino mucho antes.


Fundado en Puerto Rico en 2009, Nodus International Bank surgió como una entidad internacional en una jurisdicción estadounidense con características particulares: acceso al sistema financiero en dólares, pero con un marco regulatorio distinto al de los bancos continentales.


Según el portal investigativo armando.info, el banco formaba parte de una estructura vinculada a Optivalores Investment Company, registrada en Barbados, y fue concebido en un momento en que empresarios venezolanos buscaban canales para movilizar capital fuera de un país sometido a controles cambiarios estrictos.


Ese origen marcaría su destino.


Desde sus primeros años, Nodus enfrentó cuestionamientos regulatorios. Ya en 2012, el regulador financiero de Puerto Rico había detectado deficiencias en sus controles contra el lavado de dinero. Las advertencias se acumularon con el tiempo, pero no lograron detener su operación.

El ascenso de Niembro y el punto de quiebre

El verdadero giro ocurre en 2017, cuando Tomás Niembro asume el control operativo del banco.


Su perfil no era ajeno a controversias. Según reportó armando.info, Niembro había estado vinculado previamente a estructuras de la banca venezolana, incluyendo el entorno del Banco Latino —colapsado en la crisis financiera de 1994— y posteriormente al grupo financiero de Víctor Vargas, conocido por su expansión regional a través del Banco Occidental de Descuento (BOD).


Con su llegada, las irregularidades dejan de ser incidentales y comienzan a adquirir forma de sistema.


De acuerdo con documentos judiciales, entre 2018 y 2021, Niembro y Ramírez impulsaron la compra de al menos 47 pagarés por un valor aproximado de 25,3 millones de dólares a Nodus Finance, una empresa en Miami que ambos controlaban. El dinero, en lugar de invertirse, terminaba regresando a sus propios bolsillos.


En paralelo, utilizaron estructuras de inversión para canalizar otros 11 millones de dólares en préstamos encubiertos a su favor.


Todo ello sin conocimiento pleno del directorio ni del regulador.

Una red de empresas y jurisdicciones

Nodus no operaba en aislamiento.


Según armando.info, alrededor del banco se articulaba una red de compañías en distintas jurisdicciones: Miami, Barbados, Panamá y Venezuela. Estas estructuras permitían mover capital, diluir responsabilidades y, en la práctica, dificultar la trazabilidad de los fondos.


El patrón es reconocible para investigadores financieros: uso de entidades relacionadas, préstamos cruzados, y vehículos corporativos que sirven tanto para financiar operaciones como para ocultarlas.


En ese ecosistema, Nodus funcionaba como el nodo central: captaba depósitos —muchos de ellos de origen venezolano— y los canalizaba hacia estructuras controladas por sus propios dueños.

El elemento Venezuela

El vínculo con Venezuela no es accesorio.


El banco ya enfrentaba bloqueos de fondos asociados a sanciones estadounidenses antes de los hechos que hoy forman parte del caso penal. Cerca de 9,9 millones de dólares habrían quedado congelados por disposiciones de OFAC.


La operación descrita por el DOJ —la recompra encubierta de una propiedad vinculada a un individuo sancionado— no aparece, entonces, como un episodio aislado, sino como parte de un entorno financiero donde las sanciones eran un riesgo constante… y, al mismo tiempo, un obstáculo que algunos intentaban sortear.

El Colapso

El desenlace fue progresivo, pero inevitable.


En marzo de 2023, el regulador de Puerto Rico notificó que el banco sería puesto en liquidación. Para entonces, los problemas de liquidez eran evidentes y los clientes enfrentaban dificultades para retirar sus fondos.


Según el propio DOJ, las maniobras de Niembro y sus socios contribuyeron directamente al colapso de la entidad.


Lo que comenzó como un banco internacional terminó como un caso emblemático de fraude interno, malas prácticas de gobernanza y exposición a redes sancionadas.

Más allá de un caso individual


La confesión de Niembro cierra una investigación penal, pero deja abiertas preguntas más amplias.


¿Cómo operaron durante años estas estructuras dentro del sistema financiero estadounidense? ¿Qué controles fallaron? ¿Cuántos otros vehículos similares siguen activos?


El propio Departamento de Justicia sugirió la dimensión del problema. En palabras de sus funcionarios, este tipo de conductas no solo afectan a inversionistas, sino que “amenazan la integridad del sistema financiero y la seguridad nacional”.


En el expediente de Nodus, esas amenazas dejaron de ser abstractas. Se convirtieron en cifras, en transferencias, en propiedades… y, finalmente, en una confesión.


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