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Por ley, desde esta semana ya no pueden divulgarse nuevas encuestas electorales en Colombia de cara a la primera vuelta presidencial del próximo domingo 31 de mayo.

Eso obliga a detener la publicación de mediciones, pero no impide analizar las que ya fueron divulgadas oficialmente durante los últimos días habilitados.

Y justamente ahí está hoy una de las claves más importantes de esta elección: las encuestas muestran tendencias claras, pero también revelan un país electoral profundamente fragmentado, donde la metodología de cada medición cambia de manera significativa la fotografía del momento político.

Por eso, más que publicar porcentajes aislados —que además rápidamente quedan desactualizados en campañas tan volátiles— este análisis busca traducir qué nos dicen en conjunto todas las encuestas conocidas entre el 18 y el 24 de mayo, cómo se están moviendo las candidaturas y por qué algunas mediciones parecen mostrar países distintos aun habiéndose realizado prácticamente en las mismas fechas.

El primer dato importante: Colombia llega a la recta final sin un liderazgo completamente consolidado

Si algo muestran todas las encuestas, incluso las más distintas entre sí, es que la elección sigue abierta.

Sí existen grupos de candidatos mejor posicionados.
Sí hay tendencias ascendentes y descendentes.
Sí aparecen aspirantes más competitivos para una eventual segunda vuelta.

Pero ninguna medición seria refleja hoy un escenario de dominio absoluto.

La fragmentación sigue siendo alta y el voto útil comienza a jugar un papel decisivo en los últimos días.

Eso significa que muchos electores ya no están respondiendo únicamente a afinidades ideológicas, sino a cálculos de viabilidad:

  • Quién realmente puede entrar a segunda vuelta,
  • Quién tiene más capacidad de derrotar al oficialismo,
  • Quién puede construir alianzas,
  • Quién parece tener techo electoral.

La oposición vive su propia primaria no declarada

Uno de los fenómenos más evidentes que dejan las encuestas es que la verdadera disputa política del momento no es solamente entre gobierno y oposición.

La pelea central ocurre dentro de la oposición misma.

Las mediciones reflejan una competencia muy intensa entre sectores opositores que representan estilos políticos distintos:

  • Una oposición confrontacional, emocional y altamente polarizada;
  • Otra más institucional, moderada y orientada a captar centro político.

En ese terreno aparece con fuerza el crecimiento de Abelardo De La Espriella, cuya candidatura logró consolidar un voto duro muy movilizado, particularmente en sectores profundamente antipetristas y en electores que buscan un discurso frontal contra el gobierno.

Las encuestas muestran que su crecimiento parece apoyarse más en intensidad emocional que en amplitud transversal.

Eso tiene una ventaja:

  • Moviliza,
  • Genera identidad fuerte,
  • Consolida lealtad rápida.

Pero también plantea una dificultad:
varias mediciones sugieren que su capacidad de expansión hacia votantes moderados es más limitada.

Y ahí aparece la otra cara del fenómeno opositor.

Las encuestas también muestran que Paloma Valencia viene consolidando apoyos distintos:

  • Clases medias urbanas,
  • Votantes conservadores tradicionales,
  • Sectores empresariales,
  • Electores que buscan alternancia sin ruptura institucional fuerte.

Lo más interesante es que, aunque algunas encuestas muestran a De La Espriella con mayor intensidad de crecimiento reciente, otras reflejan que Valencia podría tener mejor desempeño en escenarios de segunda vuelta por su capacidad de captar voto de centro y sectores menos polarizados.

¿Por qué algunas encuestas parecen contradecirse?

Esta es probablemente la pregunta más importante de toda la campaña.

Porque sí: hubo encuestas realizadas prácticamente en las mismas fechas que arrojaron diferencias importantes.

Pero eso no necesariamente significa manipulación.

Significa, sobre todo, que las metodologías están midiendo electorados distintos.

Las encuestas telefónicas

Las mediciones telefónicas suelen:

  • Captar mejor elector urbano,
  • Tener mayor alcance en sectores hiperconectados,
  • Registrar más rápidamente cambios emocionales,
  • Reflejar con mayor intensidad fenómenos mediáticos y digitales.

En este tipo de estudios suelen crecer candidaturas con alta exposición pública, fuerte presencia en redes y discurso emocional intenso.

Las encuestas presenciales

Las encuestas cara a cara, especialmente las que llegan a municipios intermedios y zonas menos urbanas, tienden a detectar mejor:

  • Estructuras políticas regionales,
  • Voto tradicional,
  • Electores menos activos digitalmente,
  • Segmentos que no necesariamente participan del debate político cotidiano en redes sociales.

Eso explica por qué algunos candidatos aparecen más sólidos en ciertas firmas y menos competitivos en otras.

No todas las encuestas están mirando exactamente el mismo universo sociológico.

La ficha técnica sí importa

En Colombia muchas veces se consume el titular de una encuesta sin revisar lo más importante: la ficha técnica.

Y allí están varias de las respuestas.

No es igual una encuesta:

  • Nacional urbana,
  • Que una con cobertura rural amplia;
  • Una realizada sobre “personas habilitadas para votar”,
  • Que otra enfocada en “votantes probables”;
  • Una con trabajo de campo de tres días,
  • Que otra extendida durante más de una semana.

En una elección tan emocional y cambiante, incluso pequeñas diferencias temporales alteran resultados.

Por ejemplo:

  • Un escándalo político,
  • Un debate,
  • Una entrevista viral,
  • Un error de campaña,

pueden mover rápidamente sectores aún indecisos.

Por eso algunas firmas detectaron crecimientos que otras todavía no reflejaban.

El gran fenómeno silencioso: el voto antialgo

Las encuestas dejan otra conclusión importante:
la elección parece estar menos movilizada por entusiasmo y más por rechazo.

Existe:

  • Voto anti-Petro,
  • Voto antiuribista,
  • Voto antiestablishment,
  • Voto anti-polarización.

Eso produce un electorado menos estable y más pragmático.

Muchos ciudadanos no parecen estar votando “por amor político”, sino buscando:

  • Evitar ciertos escenarios,
  • Castigar al gobierno,
  • Bloquear extremos,
  • Elegir lo que consideran el “mal menor”.

Y eso vuelve especialmente impredecibles los últimos días de campaña.

Los candidatos pequeños podrían terminar siendo decisivos

Aunque varias candidaturas aparecen lejos de la pelea principal, las encuestas muestran que el llamado grupo de los “chiquitos” puede jugar un papel fundamental después del domingo.

¿Por qué?

Porque en una elección fragmentada:

  • un 2%,
  • un 3%,
  • o incluso un 5%,

puede convertirse en capital político estratégico para segunda vuelta.

Muchos de esos candidatos:

  • tienen estructuras regionales,
  • representan nichos ideológicos definidos,
  • conservan maquinaria partidista,
  • o mantienen liderazgo territorial específico.

Algunos parecen estar construyendo más una plataforma hacia el futuro que una posibilidad real inmediata de triunfo presidencial.

Pero justamente por eso pueden convertirse luego en socios decisivos de negociación política.

¿Qué escenario vemos hoy?

A cinco días de la primera vuelta, el panorama que dejan las encuestas parece ser el siguiente:

  • Colombia llega sin un favorito completamente dominante.
  • La oposición sigue disputándose el liderazgo político del voto de cambio anti-oficialista.
  • El crecimiento de candidaturas más confrontacionales refleja un electorado emocionalmente cansado y polarizado.
  • Los sectores moderados siguen siendo decisivos para cualquier segunda vuelta.
  • Y las diferencias entre encuestas responden mucho más a metodologías y universos encuestados que a simples contradicciones.

El dato más importante quizás no es quién aparece unos puntos arriba o abajo.

La verdadera noticia es que Colombia entra a la última semana electoral con un país todavía en movimiento, emocionalmente fragmentado y sin consensos políticos claros.

Y eso convierte cualquier proyección definitiva en un ejercicio extremadamente riesgoso.

Pero justamente por esa incertidumbre, esta última semana de campaña será probablemente la más intensa y simbólica de toda la carrera presidencial.

Lo que veremos en los próximos días será a los candidatos intentando construir percepción de fortaleza política, amplitud y viabilidad. Ya no se trata únicamente de convencer votantes: se trata de proyectar quién parece más capaz de gobernar, de sumar alianzas y de consolidar bloques políticos hacia una eventual segunda vuelta.

Por eso comienzan a multiplicarse:

  • respaldos nacionales e internacionales,
  • fotografías políticas cuidadosamente calculadas,
  • acercamientos con liderazgos regionales,
  • guiños ideológicos,
  • y movimientos destinados a enviar mensajes de gobernabilidad o músculo político.

Un ejemplo claro es el movimiento reciente de Paloma Valencia, quien el domingo buscó asociarse simbólicamente con María Corina Machado y este martes aparece junto a Cayetana Álvarez de Toledo. Más allá del impacto inmediato en intención de voto, este tipo de movimientos buscan enviar señales:

  • consolidar perfil internacional,
  • reforzar identidad ideológica,
  • proyectar liderazgo opositor,
  • y ocupar espacios emocionales dentro del electorado de derecha y centroderecha.

Seguramente veremos más episodios similares en las próximas horas:

  • candidatos intentando captar el voto útil;
  • presiones para que sectores menores definan respaldos implícitos;
  • campañas enfocadas en emocionar más que en explicar;
  • y esfuerzos por instalar narrativas de “momentum”, aun cuando ya no puedan publicarse nuevas encuestas.

También veremos una batalla cada vez más fuerte en redes sociales y opinión digital. Sin mediciones públicas nuevas, la percepción comenzará a jugar un papel aún más importante. Cada campaña intentará construir la sensación de crecimiento, de entusiasmo o de inevitabilidad.

Y allí hay un detalle clave: en campañas tan polarizadas, la percepción de quién “va creciendo” puede terminar influyendo tanto como los números reales.

Por eso, más que nunca, esta semana exigirá mirar con cuidado el ruido político, separar propaganda de tendencias reales y entender que muchas de las señales que veremos estarán diseñadas más para influir psicológicamente en el electorado que para describir objetivamente el estado de la carrera.

Desde hoy y hasta el domingo, en Contexto.info estaremos publicando informes, boletines y análisis especiales para traducir el escenario electoral colombiano:

  • qué se mueve detrás de las campañas,
  • qué mensajes intentan instalar los candidatos,
  • cómo se reconfiguran las alianzas,
  • qué señales están enviando los sectores económicos y políticos,
  • y cómo interpretar el país electoral que las encuestas alcanzaron a mostrar antes del cierre legal de publicación.

Porque, a partir de ahora, la campaña entra en su fase más emocional, más estratégica y probablemente más impredecible.


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