En Colombia, la campaña presidencial suele comenzar mucho antes de que aparezcan los tarjetones. Empieza cuando se escogen las fórmulas: ese momento en que cada candidato decide con quién quiere gobernar… o, más precisamente, con quién quiere ganar.
Las elecciones de 2026 no son la excepción. Tras las consultas interpartidistas de marzo, el tablero político empezó a ordenarse y las fórmulas presidente-vicepresidente revelaron algo más que alianzas personales: dejaron ver las tensiones profundas de la política colombiana. Cada dupla es, en realidad, un intento de corregir debilidades electorales y ampliar bases sociales en un país donde el poder se decide, cada vez más, en el cruce entre maquinaria política, movilización social y voto urbano independiente.
Las fórmulas que emergen de este proceso dicen mucho del momento que vive Colombia: una izquierda que intenta preservar el capital político del petrismo; una derecha que busca reinventarse; y un centro que vuelve a enfrentarse a su viejo problema: la incapacidad de consolidarse como alternativa.
Paloma Valencia – Juan Daniel Oviedo
La apuesta de la derecha por ampliarse

La escena ocurrió la noche de las consultas de marzo. Mientras los resultados comenzaban a consolidarse, la senadora del Centro Democrático Paloma Valencia confirmaba lo que las encuestas venían anticipando: se convertía en la candidata presidencial de la coalición de centroderecha.
Su victoria fue contundente. Más de tres millones de votos en la consulta la consolidaron como el rostro político de ese sector. Pero la sorpresa no fue su triunfo.
Fue el segundo lugar.
Juan Daniel Oviedo, exdirector del DANE, sin partido político ni maquinaria territorial, logró superar el millón de votos. En términos políticos, ese resultado fue un terremoto silencioso. Para muchos estrategas electorales fue la señal de que existe en Colombia un electorado urbano, joven y moderado que busca figuras distintas al sistema político tradicional.
La decisión de Valencia de escogerlo como fórmula vicepresidencial fue rápida, pero profundamente calculada.
Valencia representa el núcleo duro del uribismo: seguridad, orden institucional, defensa de las Fuerzas Armadas. Oviedo, en cambio, proyecta una imagen completamente distinta: tecnócrata, académico, cercano a sectores urbanos y con una trayectoria administrativa más que ideológica.
Pero la fórmula tiene otra dimensión política. Oviedo es también una figura que rompe con ciertos códigos tradicionales de la derecha colombiana: es abiertamente gay y ha defendido públicamente políticas como el acuerdo de paz.
La apuesta de Valencia es clara: expandir el techo electoral de la derecha hacia sectores moderados.
La incógnita es si ese intento de ampliación no terminará generando tensiones dentro de su propio electorado.
Iván Cepeda – Aída Quilcué
La izquierda busca consolidar su base social

Si la fórmula Valencia-Oviedo intenta expandirse hacia el centro, la dupla Iván Cepeda – Aída Quilcué sigue una lógica distinta: consolidar una base política que ya existe.
Cepeda, senador del Pacto Histórico, ganó la consulta de la izquierda con una ventaja clara sobre otros aspirantes. Su perfil es bien conocido en la política colombiana: defensor de derechos humanos, investigador del paramilitarismo y una de las figuras más persistentes del progresismo en el Congreso.
Pero su candidatura también tiene un significado estratégico.
Cepeda es, probablemente, el dirigente de izquierda con mayor capacidad de diálogo dentro del sistema político. Su figura proyecta menos confrontación que la del propio Gustavo Petro, pero mantiene el mismo compromiso con la agenda social del gobierno.
La elección de Aída Quilcué como fórmula vicepresidencial refuerza esa base.
Quilcué es una histórica lideresa indígena del Cauca, vinculada al Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) y a las movilizaciones sociales que han marcado la política colombiana durante las últimas dos décadas.
Su presencia en la fórmula no es simbólica.
Representa tres elementos clave para la izquierda:
- el movimiento indígena
- las organizaciones sociales
- el sur andino del país.
En términos electorales, Cepeda apuesta por preservar el núcleo de votantes que llevó a Petro al poder en 2022: sectores populares, jóvenes urbanos y movimientos sociales.
La pregunta es si esa base será suficiente para enfrentar una eventual recomposición de la derecha.
Abelardo de la Espriella – José Manuel Restrepo
Populismo conservador con respaldo económico

En el otro extremo del espectro aparece Abelardo de la Espriella, un personaje que llega a la política presidencial desde un lugar muy distinto.
Abogado penalista mediático, figura habitual en debates televisivos y redes sociales, De la Espriella ha construido su candidatura sobre un discurso frontal contra la izquierda y contra lo que denomina el “establishment político”.
Su campaña se nutre de un clima político específico: el desgaste del gobierno Petro en ciertos sectores empresariales y conservadores.
Pero la candidatura de De la Espriella tenía un problema evidente.
Credibilidad económica.
Por eso su fórmula vicepresidencial terminó siendo José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda y una de las figuras económicas más respetadas del gobierno de Iván Duque.
Restrepo aporta exactamente lo que De la Espriella necesita:
- legitimidad técnica
- vínculos con el empresariado
- experiencia en política económica.
La lógica de la fórmula recuerda a otras experiencias latinoamericanas: un candidato con discurso fuerte y movilizador acompañado por un tecnócrata que garantice estabilidad económica.
Sergio Fajardo – Edna Bonilla
El centro vuelve a intentarlo

En medio de la polarización entre izquierda y derecha, el matemático y exgobernador Sergio Fajardo vuelve a presentarse como la alternativa de centro.
Su fórmula vicepresidencial, Edna Bonilla, exsecretaria de Educación de Bogotá, refleja una continuidad narrativa: educación como eje de transformación social.
Fajardo lleva más de una década intentando construir un espacio político distinto al de los bloques ideológicos tradicionales.
Pero el problema del centro colombiano sigue siendo el mismo.
Fragmentación.
El electorado moderado se divide entre varias figuras, entre ellas Claudia López y Roy Barreras, lo que reduce las posibilidades de que alguno de ellos logre consolidar una base electoral suficiente para llegar a la segunda vuelta.
Roy Barreras – Martha Lucía Zamora
El operador político

Roy Barreras es probablemente uno de los políticos más experimentados de Colombia.
Ha pasado por varios partidos y ha sido protagonista en algunos de los momentos más importantes de la política reciente, desde el proceso de paz con las FARC hasta la elección de Gustavo Petro.
Su candidatura presidencial intenta presentarlo como el gran negociador del sistema político.
La elección de Martha Lucía Zamora, jurista y exfiscal encargada, apunta a reforzar una imagen institucional.
Pero Barreras enfrenta un desafío complejo: convencer a un electorado que cada vez desconfía más de los políticos tradicionales.
Luis Gilberto Murillo – Luz María Zapata
La apuesta regionalista

Otra fórmula que empieza a tomar forma es la encabezada por Luis Gilberto Murillo, exministro de Ambiente y exembajador en Estados Unidos.
Murillo representa un perfil distinto dentro del espectro político colombiano: ingeniero, tecnócrata y figura cercana a sectores afrocolombianos del Pacífico.
Su fórmula vicepresidencial, Luz María Zapata, directora de Asocapitales durante varios años, conecta con el mundo de las administraciones locales y los gobiernos urbanos.
La apuesta de esta fórmula es interesante: construir una coalición que combine liderazgo regional, tecnocracia y gestión pública.
Un tablero electoral todavía en movimiento
Las fórmulas que emergen de este proceso dibujan un mapa político interesante.
Por un lado, la izquierda intenta consolidar su base social alrededor de Cepeda. Por otro, la derecha se divide entre dos proyectos distintos: uno institucional, encabezado por Paloma Valencia, y otro más confrontacional, representado por Abelardo de la Espriella.
En medio de ese escenario, el centro vuelve a enfrentarse a su dilema histórico: demasiados candidatos para un mismo electorado.
Las consultas dejaron además un dato político que podría ser determinante en los próximos meses: el fenómeno de Juan Daniel Oviedo.
Su votación superior al millón de votos demuestra que existe un segmento importante del electorado colombiano dispuesto a respaldar figuras técnicas y alejadas del sistema político tradicional.
Si ese capital electoral logra trasladarse a la fórmula con Paloma Valencia, la derecha podría llegar a la primera vuelta con una base considerable.
Pero en Colombia las elecciones rara vez se definen con tanta anticipación.
Las fórmulas presidenciales no solo muestran quién quiere gobernar. También revelan quién cree entender mejor el momento político del país.
Y en 2026, ese momento sigue siendo profundamente incierto.







