La minera estadounidense Gold Reserve Ltd. recibió una licencia temporal de 30 días de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos para negociar con Venezuela, según confirmó Paul Rivett, vicepresidente ejecutivo de la compañía, en declaraciones citadas por Reuters.
La autorización permite a ciertas empresas —entre ellas Gold Reserve— entablar conversaciones con autoridades venezolanas, aunque no autoriza todavía inversiones ni operaciones mineras en el país. La licencia, según explicó Rivett, tiene un carácter limitado y está destinada exclusivamente a facilitar negociaciones preliminares.
El permiso llega en un momento particularmente sensible en la relación entre Washington y Caracas: pocos días después de la visita a Venezuela del secretario del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum, quien viajó al país acompañado por representantes del sector energético y minero.
El regreso de Gold Reserve es especialmente llamativo porque se trata de la misma empresa que perdió uno de los proyectos auríferos más importantes de Venezuela tras una disputa con el gobierno de Hugo Chávez, conflicto que derivó en uno de los arbitrajes internacionales más conocidos contra el Estado venezolano.
Entre el oro venezolano y CITGO: la doble apuesta de Gold Reserve
El interés actual de la compañía en Venezuela no se limita únicamente a los recursos minerales del país.
La propia empresa ha dejado claro que su estrategia pasa por recuperar valor de Venezuela a través de dos frentes simultáneos: los proyectos mineros y los litigios internacionales vinculados a activos venezolanos en el exterior.
En su sitio web corporativo, Gold Reserve afirma que su enfoque consiste en “monetizar su experiencia y activos en Venezuela —principalmente recursos de oro y cobre— y perseguir su participación en Citgo Petroleum en el proceso de venta forzada en Delaware”.

La referencia a Citgo Petroleum conecta a la compañía con uno de los procesos judiciales más complejos que enfrenta Venezuela en Estados Unidos.
En una corte federal en Delaware, varios acreedores internacionales intentan cobrar laudos arbitrales contra el Estado venezolano mediante la subasta de acciones de PDV Holding, la empresa matriz de Citgo.
Citgo —una red de refinerías y estaciones de servicio en Estados Unidos— es considerado uno de los activos más valiosos de Venezuela en el exterior.
El hecho de que Gold Reserve mencione simultáneamente activos mineros en Venezuela y el proceso judicial de Citgo revela hasta qué punto la empresa mantiene una estrategia dual para recuperar valor tras su conflicto con Caracas.
El mercado reacciona: sube la acción de Gold Reserve
El interés por Venezuela también tuvo un reflejo inmediato en los mercados financieros.
Tras conocerse la noticia de la licencia otorgada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) para negociar con Caracas, las acciones de Gold Reserve Inc. (GRZ) registraron un aumento significativo en la bolsa de Toronto.

Datos de mercado muestran que el título alcanzó los 5,80 dólares canadienses por acción, con una subida cercana al 9 % en la jornada, según información de la plataforma financiera Investing.com.
El movimiento refleja cómo los inversionistas interpretaron la licencia como una posible señal de que la compañía podría avanzar en la monetización de sus activos vinculados a Venezuela.

El gráfico muestra que el título experimentó un salto significativo a comienzos de 2026, cuando pasó de niveles cercanos a 2 dólares canadienses a más de 5 dólares, reflejando expectativas del mercado sobre posibles avances en los litigios o en los proyectos vinculados a Venezuela.
Tras una corrección en febrero, la acción volvió a subir hasta aproximarse nuevamente a sus máximos recientes tras conocerse la licencia de OFAC.
Para los inversionistas, la señal parece clara: cualquier avance en la estrategia de la empresa para monetizar sus activos vinculados a Venezuela —ya sea a través de proyectos mineros o del proceso judicial sobre CITGO— podría tener un impacto significativo en su valoración de mercado.
La disputa con Chávez
La relación entre Gold Reserve y Venezuela se remonta a la década de 1990, cuando la empresa desarrollaba el proyecto aurífero Brisas, ubicado en el estado Bolívar.
A finales de la década de 2000, el gobierno de Hugo Chávez revocó la concesión del proyecto como parte de una política de nacionalizaciones en el sector de recursos naturales.
La decisión desencadenó un arbitraje internacional.
En 2014, un tribunal del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) falló a favor de Gold Reserve, otorgándole una compensación de cientos de millones de dólares por la expropiación del proyecto.
Posteriormente, en 2016, Venezuela y la empresa firmaron un acuerdo para resolver la disputa mediante pagos y la creación de una empresa mixta para desarrollar los proyectos Brisas y Las Cristinas, considerados entre los mayores depósitos de oro del país.
Ese acuerdo, sin embargo, nunca se ejecutó plenamente, y las disputas legales continuaron.
La visita de Burgum y el interés de Washington por los minerales
El regreso de Gold Reserve también coincide con un cambio en el enfoque de Washington hacia los recursos minerales venezolanos.
Durante su visita a Caracas esta semana, el secretario del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum, sostuvo reuniones con autoridades venezolanas y representantes del sector privado para discutir oportunidades en los sectores energético y minero.
De acuerdo con un mensaje de la Embajada de Estados Unidos en Caracas, Burgum tenía previsto abordar “no solo el futuro del petróleo venezolano sino también el desarrollo de un sector minero legítimo y cadenas de suministro seguras de minerales críticos”, según informó la legación diplomática citada por EFE.
El enfoque refleja la creciente preocupación de Washington por asegurar el acceso a minerales esenciales para industrias tecnológicas y de defensa, en momentos en que Estados Unidos intenta reducir su dependencia de proveedores dominados por China.
En ese contexto, Venezuela —con grandes reservas de hidrocarburos y depósitos de minerales estratégicos en regiones como el Arco Minero del Orinoco— aparece como una pieza potencialmente relevante en el rediseño de las cadenas globales de energía y materias primas.
El Arco Minero y las controversias ambientales
El interés por el potencial minero del país inevitablemente remite al Arco Minero del Orinoco, una vasta zona creada por decreto en 2016 que abarca más de 111.000 kilómetros cuadrados al sur del río Orinoco y concentra importantes reservas de oro, diamantes, coltán y otros minerales.

El proyecto ha estado rodeado de fuertes controversias.
Diversas organizaciones ambientales y de derechos humanos han denunciado que la expansión de la minería —en gran parte ilegal y controlada por redes criminales o grupos armados vinculados al poder político— ha provocado graves daños ambientales en la región.
Informes de Transparencia Venezuela señalan que la explotación aurífera en el sur del país ha derivado en deforestación acelerada, contaminación de ríos con mercurio y la consolidación de economías ilegales en zonas mineras, fenómenos que algunos expertos han llegado a describir como un ecocidio.

En ese contexto, algunos analistas sostienen que la eventual llegada de inversión internacional regulada podría contribuir a desplazar parte de la minería informal hacia esquemas industriales con mayor control ambiental.
Un nuevo capítulo en la relación económica
Por ahora, la licencia otorgada por OFAC solo permite negociaciones preliminares y no implica el regreso inmediato de operaciones mineras estadounidenses a Venezuela.
Sin embargo, el hecho de que una empresa que litigó contra el Estado venezolano durante más de una década vuelva a sentarse a negociar con Caracas sugiere que algo está cambiando.
En un momento en el que Estados Unidos busca asegurar cadenas de suministro de minerales críticos y Venezuela necesita inversión extranjera, el posible regreso de compañías como Gold Reserve podría marcar el inicio de una nueva fase en la relación económica entre ambos países.
Si ese proceso se consolida, el oro venezolano —durante años explotado en condiciones caóticas y en gran medida informales— podría convertirse nuevamente en un elemento central de la geopolítica de los recursos en el hemisferio occidental.







