El 28 de enero de 2026 fue una jornada clave para la crisis venezolana. En Washington, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, compareció ante el Senado y luego se reunió con la líder opositora María Corina Machado. A la par, en Caracas la Asamblea Nacional chavista debatía una reforma petrolera bajo Jorge Rodríguez, mientras la presidenta interina Delcy Rodríguez alternaba mensajes públicos de confrontación con gestos de diálogo con Washington. Estos hechos revelan tensiones entre los objetivos políticos y económicos en la transición venezolana.
Comparecencia de Marco Rubio en el Senado
Rubio detalló los tres objetivos de la política estadounidense hacia Venezuela: estabilizar el país, recuperar la economía e instituciones, y consolidar “una democracia inclusiva”. Puso como ejemplo la transición española, recordando que de la dictadura a la democracia lleva tiempo. El senador subrayó que la meta final es alcanzar “una Venezuela amiga, estable, próspera y democrática” donde “todos los sectores de la sociedad estén representados en elecciones libres y justas”. Aunque no dio plazos exactos, advirtió que la transición “no puede durar para siempre” y garantizó “con total certeza” que EE.UU. no planea nuevas acciones militares en Venezuela.

La audiencia fue tensa y reveló dudas congresistas. Una senadora demócrata, Jeanne Shaheen, preguntó si valió la pena remover a Maduro considerando que “la mayoría de sus antiguos asesores y lugartenientes todavía están dirigiendo el país”, señalando la continuidad del aparato chavista. Incluso un manifestante irrumpió con la consigna “¡Manos fuera de Venezuela!” durante la exposición de Rubio. Frente a ello, Rubio defendió la operación contra Maduro y rechazó las acusaciones de Trump “exceder el poder” presidencial. Informó además que el Gobierno interino ha comenzado a liberar presos políticos. No obstante, insistió en que la tarea de fondo es política: avanzar pronto para no dejar “la situación igual que hoy”, entendiendo que el control de los poderes armados e institucionales sigue en manos del antiguo régimen.
Reunión con María Corina Machado

Horas después Rubio recibió en el Departamento de Estado a María Corina Machado, la principal opositora venezolana. Según Univisión, el propósito declarado fue “blindar los ingresos petroleros del país” para evitar que el chavismo recupere el control económico bajo la gestión de Delcy Rodríguez. Machado, en Washington desde el 15 de enero, aseguró tras el encuentro que la “transición democrática en Venezuela tendrá lugar” con el apoyo de las democracias más influyentes. En su mensaje a los venezolanos reafirmó que la libertad está cerca y que el “objetivo absoluto” del movimiento democrático son los presos políticos.
“nos guste o no, el control de las armas y de las instituciones gubernamentales está en manos del régimen”.
Machado fue especialmente dura con Delcy: afirmó que “nadie tiene confianza” en la presidenta interina, a quien definió como la continuidad de “un modelo sin legitimidad ni garantías democráticas”. Este contraste entre ambas figuras –Machado con apoyo internacional y Delcy con el poder de facto– ilustra la complejidad de la transición. Rubio mismo ha dicho que Machado “puede formar parte” del proceso de transición, pero advirtió que, “nos guste o no, el control de las armas y de las instituciones gubernamentales está en manos del régimen”. Hasta ahora, el gobierno de EE.UU. no la ha postulado como jefa del cambio: Rubio “la ha descartado para dirigir la transición”, favoreciendo en su lugar a Delcy. En suma, aunque Machado encarna la esperanza opositora, su liderazgo efectivo chocaría con la realidad de que la mayoría de instituciones (incluidas las Fuerzas Armadas) siguen bajo mando chavista
Delcy Rodríguez: diálogo y contradicción

En Caracas, Delcy Rodríguez ha transmitido mensajes duales. Oficialmente niega subordinación a Washington (dijo que Venezuela “no aceptará órdenes externas” tras los ataques de EE.UU.), pero en la práctica coopera con la Casa Blanca. En un acto televisado el 27 de enero aseguró que se han “establecido canales de comunicación de respeto y de cortesía” con Trump y Rubio, y que trabajan juntos en una agenda común. Incluso anunció que EE.UU. está “desbloqueando recursos de Venezuela… para invertir recursos importantes en equipamiento para los hospitales”, es decir, liberando fondos petroleros bloqueados por sanciones y destinándolos a salud y energía. Delcy ha abogado además por un “diálogo diplomático” para dirimir las diferencias surgidas tras la captura de Maduro.
Este pragmatismo contrasta con su retórica de firmeza. El 9 de enero Rodríguez afirmó en televisión que “no estamos subordinados ni estamos sometidos” a nadie. Tal declaración provocó que Trump, interrogado al respecto, minimizara cualquier ruptura: “no he escuchado eso en absoluto. Tenemos una muy buena relación”, dijo el presidente estadounidense. En definitiva, mientras Delcy protesta públicamente contra la intervención, la coordinación entre su gobierno interino y Washington sobre petróleo y fondos evidencia una realineación tácita entre ambos.
Reforma de la Ley de Hidrocarburos
En la Asamblea Nacional controlada por el chavismo se impulsa una reforma petrolera calificada de “parcial” pero estratégica. El 22 de enero fue aprobada en primera discusión la modificación legal, en medio de los acuerdos con EE.UU. por venta de crudo. Jorge Rodríguez explicó que sin inversión extranjera no es posible subir la producción, y puso cifras claras: para extraer tres millones de barriles adicionales se necesitan US$50.000 millones. Para atraer ese capital, pidió flexibilizar la ley actual: “si alguien tiene esa plata, que nos la preste, y si no la tiene, que nos dejen reformar la ley… para que puedan venir las empresas extranjeras en un clima de seguridad jurídica”.

El proyecto incorpora varias novedades. Se adoptan los Contratos de Participación Productiva (CPP) del decreto “antibloqueo”, bajo los cuales la compañía petrolera asume el riesgo total de inversión y operación sin endeudar al Estado. También se contempla bajar las regalías estatales en nuevos campos no explotados y en general “abrir las puertas a la privatización” reduciendo controles estatales. El Parlamento modificó límites que antes impedían a petroleras privadas operar: ahora estas podrán participar directamente en el sector primario mediante contratos con la nación.
Estos cambios responden a la presión estadounidense por retomar el negocio petrolero. Como advierte El País, “el acceso al petróleo venezolano es la principal demanda” de la Administración Trump y «el chavismo está correspondiendo con celeridad»; ya se concretó una primera venta de 500 millones de dólares en crudo (de los cuales Venezuela ha recibido unos 300). En el Senado Rubio valoró que la AN eliminara muchas restricciones para las empresas privadas, reconociendo implícitamente el giro en la política energética. En resumen, la ley hidrocarburífera simboliza un cambio pragmático: bajo control estatal, pero abierto a capital extranjero para reactivar la producción bloqueada por sanciones.
María Corina Machado en la transición
El rol de María Corina Machado en el futuro de Venezuela es tema candente. Por un lado, es la opositora con mayor respaldo popular: encuestas le dan una ventaja de hasta 30 puntos sobre Delcy. Por otro, el Estado y las fuerzas armadas continúan dominados por el chavismo. Rubio lo resumió así: “nos guste o no, el control de las armas y de las instituciones… está en manos del régimen”. En ese contexto, Machado ha reconocido que no volverá sola al poder: exhorta a “abrir de nuevo Venezuela al mundo” para atraer inversiones, pero entiende que antes debe formarse un gobierno de transición con apoyo internacional. Ella misma destacó que la única forma de estabilidad es la transición democrática con restitución del Estado de derecho.
La gran pregunta es si Machado liderará ese proceso o tendrá un papel secundario. Aparentemente Washington prefiere mantener a Delcy al mando formal durante la transición (al menos en el corto plazo): Rubio “ha descartado” a Machado para dirigir la transición. Ella, por su parte, ha criticado que “nadie tiene confianza” en Delcy, señalando que lo ideal sería un relevo más limpio. Sin embargo, hasta ahora las instituciones clave (Parlamento, Justicia y, sobre todo, las Fuerzas Armadas) siguen mayoritariamente bajo el mismo personal alineado al chavismo. En la práctica, esto significa que Machado tendría que negociar con viejas estructuras incluso dentro de un nuevo gobierno interino, lo cual complica su liderazgo único. En definitiva, su influencia es real pero limitada: puede ser parte de la solución inclusiva que defiende Rubio, pero la realidad de poder interno le impone restricciones severas.
Discursos de EE.UU.: transición política vs. intereses petroleros

President Donald Trump ofrece discurso en el Foro Económico Mundial, viernes, ene. 26, 2018, en Davos. (AP Photo/Evan Vucci)
Un contraste llamativo del día fue la diferencia de enfoque entre Rubio y Trump al hablar de Venezuela. Rubio insistió en la transición política: objetivos de democracia, elecciones libres y justicia. En el Senado repitió frases como “fase de transición en la que tengamos una Venezuela… democrática, en la que todos los sectores estén representados en elecciones libres y justas”, y valoró la liberación de presos políticos. Por el contrario, Trump se centró en el negocio petrolero. En el Foro de Davos el pasado 21 de enero se jactó de que “Venezuela va a ganar más dinero en seis meses con el petróleo de lo que ha ganado en los últimos veinte años”, y anunció que “todas las grandes compañías petroleras vienen con nosotros” para explotar el crudo. Incluso señaló que el gobierno interino entregará 30-50 millones de barriles para su venta y que él mismo controlaría esos ingresos “para beneficio de los pueblos de Venezuela y Estados Unidos”.
En resumen, Rubio enfatiza una solución política (inclusiva, democrática) a largo plazo, mientras Trump enfatiza el provecho económico inmediato del sector energético. Esta dualidad refleja la esencia de la política actual: EE.UU. impulsa una transición teóricamente democrática, pero sus acciones inmediatas –y las del gobierno interino venezolano– giran en gran medida en torno al petróleo y el flujo de ingresos. El resultado del 28E confirma que, bajo la tutela estadounidense, lo político y lo económico siguen tejidas en la nueva etapa venezolana.







