Estados Unidos confirmó este sábado que está ejecutando “operaciones de combate mayores en Irán”, en coordinación con Israel, en una ofensiva militar que marca la confrontación más directa entre Washington y Teherán en años. El presidente Donald Trump anunció la operación en un video difundido en Truth Social, donde aseguró que el objetivo es “defender a los estadounidenses eliminando amenazas inminentes del régimen iraní”.
La operación estadounidense fue bautizada como “Operation Epic Fury”, mientras que Israel denominó su participación “Operation Roaring Lion”. Según funcionarios citados por medios estadounidenses, la campaña no será de horas sino de varios días.
La acción militar conjunta se produce después de semanas de acumulación estratégica en la región, advertencias públicas y reuniones clasificadas en el Senado de EE.UU., elementos que Contexto.info había documentado previamente.
Qué anunció Washington
En su mensaje, Trump describió al régimen iraní como “un grupo despiadado de personas muy duras y terribles” y exhortó a las autoridades iraníes a “deponer las armas o enfrentar una muerte segura”. También dirigió un mensaje a la población iraní, instándola a “tomar el control de su gobierno” tras la operación.
De acuerdo con funcionarios estadounidenses citados por Fox News:
Estados Unidos está atacando objetivos militares y sitios de misiles balísticos que representan una “amenaza inminente”.
Israel estaría enfocando su ofensiva en liderazgo iraní.
No se esperan operaciones limitadas: los ataques podrían extenderse por días.
Un ataque iraní contra una base naval estadounidense en Bahréin no dejó víctimas; el impacto habría alcanzado un almacén vacío.
Un alto funcionario israelí confirmó además que el líder supremo Ali Khamenei y el presidente Masoud Pezeshkian estaban entre los objetivos del ataque, así como “responsables de ordenar la represión masiva contra manifestantes iraníes”.
Las evaluaciones oficiales de daños aún no han sido divulgadas.
Las imágenes desde el terreno
Las imágenes que acompañan este reportaje muestran una columna densa de humo elevándose desde una zona urbana activa, con tráfico circulando en calles comerciales y residenciales.

“Impactos en zona urbana”
La imagen confirma que al menos uno de los ataques alcanzó áreas dentro del perímetro urbano, no exclusivamente instalaciones remotas o bases aisladas.
El preludio: nada fue improvisado
Lo ocurrido este 28 de febrero no es un episodio aislado.
En semanas previas:
Senadores estadounidenses salieron de reuniones clasificadas advirtiendo que “esto es serio”.
EE.UU. acumuló capacidades aéreas y navales en el Golfo.
Se intensificaron los mensajes preventivos desde Israel.
Las negociaciones indirectas con Teherán no produjeron avances sustantivos.
En Contexto.info hemos documentado el despliegue militar estadounidense en la región. A la luz de los acontecimientos, ese movimiento fue fase preparatoria.
La operación anunciada hoy confirma que el reposicionamiento no era simbólico ni exclusivamente disuasivo.
Arabia Saudita y el tablero regional
En medio de la ofensiva, Arabia Saudita emitió un comunicado condenando lo que calificó como agresiones iraníes contra Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar, Kuwait y Jordania. El reino expresó “plena solidaridad” con esos países y advirtió sobre “graves consecuencias” ante violaciones a la soberanía y al derecho internacional.
El comunicado revela que el conflicto ya tiene dimensiones regionales más amplias y que el eje árabe alineado con Washington podría estar cerrando filas.
El riesgo inmediato: escalada múltiple
Irán enfrenta una decisión estratégica compleja.
Responder con fuerza podría:
Activar milicias aliadas en Irak o Siria.
Escalar el frente con Israel.
Amenazar el tráfico en el Estrecho de Ormuz.
Intensificar ataques contra activos estadounidenses.
No responder podría debilitar la percepción interna del régimen.
El ataque iraní contra una base en Bahréin —aunque sin víctimas— indica que Teherán ya inició algún tipo de respuesta limitada.
El problema es que los conflictos en Oriente Medio rara vez permanecen limitados.
El factor energético
Antes del ataque, el mercado petrolero ya incorporaba una prima de riesgo. Bloomberg había señalado que el verdadero punto crítico no es solo la producción iraní (aproximadamente 3 millones de barriles diarios), sino la vulnerabilidad del Estrecho de Ormuz.
Por ese corredor marítimo transita cerca de una quinta parte del petróleo comercializado globalmente.
Si el conflicto afecta esa ruta:
El Brent podría registrar aumentos abruptos.
La inflación global podría reactivarse.
Mercados emergentes enfrentar presión cambiaria.
Se elevarían los costos logísticos internacionales.
En este momento, el impacto económico no depende únicamente de daños físicos, sino del riesgo percibido por el mercado.
El cálculo estratégico de Washington e Israel
La operación parece responder a una doctrina preventiva: actuar antes de que ciertas capacidades iraníes alcancen un punto considerado irreversible.
Pero esa lógica tiene un riesgo estructural.
Si el objetivo incluye liderazgo iraní —como sugieren fuentes israelíes— la operación podría interpretarse en Teherán como intento de desestabilización directa, lo que amplía el margen de represalia.
El mensaje de Trump instando al pueblo iraní a “tomar el control” introduce además un componente político interno que podría endurecer aún más la respuesta del régimen.
¿Estamos ante un conflicto limitado o una guerra regional?
Existen tres escenarios:
1) Operación limitada: ataques de varios días, represalias contenidas, tensión prolongada.
2) Escalada regional controlada: enfrentamientos indirectos a través de milicias y ataques marítimos.
3) Guerra ampliada: ataques cruzados de gran escala entre EE.UU., Israel e Irán, con impacto directo en infraestructura energética.
El desenlace dependerá de la respuesta iraní y de si los ataques alcanzaron objetivos estratégicos clave.
La ofensiva conjunta de EE.UU. e Israel contra Irán marca un punto de inflexión en Oriente Medio.
Las advertencias previas, el despliegue militar y la acumulación diplomática desembocaron en acción directa. La operación no es simbólica ni puntual: está diseñada para prolongarse y alterar el equilibrio estratégico.
El impacto ya no es exclusivamente regional.
Energía, mercados financieros y estabilidad geopolítica global están en juego.
Las próximas 48 a 72 horas serán determinantes para definir si el mundo presencia una operación limitada de contención o el inicio de una confrontación de mayor escala.







