La imputación del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero por presunta organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental en el caso Plus Ultra no solo estremeció el tablero político español. También volvió a poner bajo la lupa una relación que durante años generó suspicacias dentro y fuera de Venezuela: el papel político, diplomático y empresarial de Zapatero alrededor del chavismo.
La Audiencia Nacional española sostiene, en un auto de 85 páginas conocido este 19 de mayo, que Zapatero habría liderado “una estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias” destinada a obtener beneficios económicos mediante contactos de alto nivel y operaciones societarias opacas.
Pero para millones de venezolanos, el nombre de Zapatero lleva mucho tiempo asociado a otra cosa: negociaciones políticas fallidas, legitimación internacional del gobierno de Nicolás Maduro y una cercanía permanente con figuras centrales del poder chavista.
El caso Plus Ultra y la conexión venezolana
La investigación judicial gira alrededor del rescate público de 53 millones de euros concedido en 2021 a la aerolínea Plus Ultra Líneas Aéreas durante la pandemia.
Desde el principio, el rescate fue polémico en España por varios motivos:
- el reducido tamaño de la empresa,
- sus problemas financieros previos,
- y especialmente sus vínculos con empresarios venezolanos.
Ahora, el juez José Luis Calama sostiene que existieron dos líneas paralelas de influencia para conseguir la aprobación del rescate:
- una a través del entonces ministro José Luis Ábalos;
- y otra, considerada “predominante”, a través de Zapatero.
El auto también describe una segunda línea de influencia vinculada directamente a Venezuela: gestiones ante el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC) venezolano para garantizar operaciones de la aerolínea en el país sudamericano.
No es un detalle menor.
Porque durante años Plus Ultra fue vista en España como una empresa con conexiones privilegiadas con el ecosistema político y económico venezolano.
La larga relación de Zapatero con Venezuela
La relación de Zapatero con Venezuela comenzó mucho antes del caso Plus Ultra.
Tras dejar el poder en 2011, el expresidente español fue construyendo progresivamente un rol de mediador internacional alrededor de la crisis venezolana. Primero durante el gobierno de Hugo Chávez y luego, con mucho más protagonismo, bajo Nicolás Maduro.
En teoría, su papel era facilitar negociaciones entre oficialismo y oposición.
En la práctica, buena parte de la oposición venezolana terminó viéndolo como un actor alineado con Miraflores.
Especialmente después de episodios que marcaron profundamente la percepción pública:
- las negociaciones de República Dominicana;
- los diálogos de Oslo y Barbados;
- y las reiteradas declaraciones de Zapatero cuestionando sanciones internacionales mientras evitaba condenas directas al sistema represivo venezolano.
Con el tiempo, dentro del antichavismo comenzó a consolidarse una idea:
Zapatero ya no era percibido como árbitro, sino como parte interesada.
El acceso privilegiado al chavismo
Pocos dirigentes europeos tuvieron el nivel de acceso político que Zapatero logró dentro del chavismo.
Durante años:
- sostuvo reuniones frecuentes con Nicolás Maduro;
- mantuvo comunicación directa con Jorge Rodríguez;
- apareció en momentos críticos del conflicto venezolano;
- y operó como interlocutor ante actores internacionales.
Incluso en etapas donde buena parte de Occidente desconocía legitimidad democrática al gobierno venezolano, Zapatero conservó una interlocución privilegiada con el poder en Caracas.
Ese acceso generó interrogantes permanentes:
- ¿era únicamente un mediador político?
- ¿o también existían intereses económicos y empresariales alrededor de su influencia?
La investigación de la Audiencia Nacional no responde directamente esa pregunta sobre Venezuela. Pero sí instala una sospecha políticamente devastadora en España:
la utilización de relaciones políticas internacionales como mecanismo de influencia económica.
Las élites venezolanas alrededor de España
Desde hace más de una década, España —y particularmente Madrid— se convirtió en uno de los principales destinos de capitales venezolanos.
Empresarios, exfuncionarios, operadores financieros y figuras cercanas al chavismo establecieron redes económicas, inmobiliarias y societarias en territorio español.
Dentro de ese contexto, Zapatero fue construyendo simultáneamente:
- poder político residual dentro del PSOE,
- influencia diplomática,
- y conexiones empresariales internacionales.
Por eso el caso Plus Ultra tiene una dimensión mucho más amplia que un presunto tráfico de influencias doméstico.
En España muchos analistas ya lo leen como la posible punta de un iceberg sobre:
- redes transnacionales de influencia,
- relaciones empresariales opacas,
- y capitales vinculados al entorno venezolano.
El costo político para Pedro Sánchez
La imputación golpea directamente al gobierno de Pedro Sánchez.
No solo porque Zapatero sigue siendo una figura influyente dentro del PSOE, sino porque el expresidente ha actuado durante años como operador político informal en temas internacionales sensibles, especialmente Venezuela.
La reacción del oficialismo español fue inmediata:
- defensa de la presunción de inocencia,
- denuncias de persecución política,
- y cierre de filas alrededor de Zapatero.
Pero la oposición española ya convirtió el caso en un símbolo:
- rescate público,
- empresas vinculadas a Venezuela,
- sociedades offshore,
- y presunta utilización del poder político para beneficios privados.
Una figura que divide profundamente
Para sectores de izquierda en España y América Latina, Zapatero sigue siendo un exmandatario progresista que intentó evitar una ruptura violenta en Venezuela mediante negociación política.
Para buena parte del exilio venezolano, en cambio, su figura quedó asociada a la legitimación internacional del chavismo en uno de los períodos más duros de la crisis venezolana.
Ahora, la investigación judicial abierta por la Audiencia Nacional amenaza con convertir años de sospechas políticas en un problema penal de enorme magnitud.
Y en el centro de todo vuelve a aparecer Venezuela.







