Tarek William Saab presentó su renuncia como Fiscal General de la República ante la Asamblea Nacional y, poco después, el Parlamento designó a Larry Devoe como fiscal general encargado. La decisión no fue un trámite aislado: forma parte de una reconfiguración estratégica del poder en Venezuela, en un momento en el que el oficialismo necesita modificar su narrativa sin desmontar su estructura de control.
Durante los años de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, el Ministerio Público fue un instrumento central en la persecución judicial de la disidencia. Saab encarnó esa etapa con disciplina: judicialización de dirigentes opositores, activistas, militares disidentes y periodistas críticos. Su figura quedó asociada a la fase más confrontacional del chavismo.
El cambio de rostro no implica necesariamente un cambio de lógica. Implica un cambio de mensaje.
El perfil útil
Larry Devoe no proviene del activismo partidista visible ni del discurso inflamado. Su trayectoria ha estado ligada al aparato institucional de derechos humanos del Estado venezolano, especialmente en su rol como secretario ejecutivo del Consejo Nacional de Derechos Humanos y representante ante instancias internacionales.

En el mapa del poder actual, Devoe encaja en el engranaje del llamado “Rodriguismo”: el eje político liderado por Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez, quienes concentran hoy la conducción política real del Estado.
Su cercanía no es anecdótica. En 2017, durante el proceso de diálogo en República Dominicana, Devoe formó parte de la delegación oficialista encabezada por Jorge Rodríguez, quien lideró la comisión del chavismo en esas negociaciones. No fue el vocero principal ni el rostro mediático, pero sí integró el equipo político que acompañó al actual presidente de la Asamblea Nacional en uno de los momentos más delicados de interlocución internacional del régimen.
No se trata de cercanía personal documentada, sino de integración funcional. Devoe ha estado en delegaciones, comisiones estratégicas y espacios diplomáticos bajo coordinación directa del núcleo de los Rodríguez. Es un cuadro técnico-político confiable, sin ruido propio y con capacidad de interlocución externa.
Eso lo convierte en una pieza idónea para una transición delicada.
Un dato que no desaparece
Hay un elemento que complejiza su perfil: en 2019 fue incluido por el gobierno de Canadá en una lista de funcionarios venezolanos sancionados por presunta responsabilidad o complicidad en violaciones graves de derechos humanos y actos de corrupción.
No figura en listas públicas recientes de sanciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, pero su antecedente en Canadá permanece como parte de su expediente internacional.
Ese contraste es clave: un funcionario señalado por un gobierno occidental ahora aparece como el rostro que debe proyectar una etapa de “normalización” institucional.
La misión: limpiar la fachada, no desmontar la estructura
El Ministerio Público arrastra una carga reputacional pesada: denuncias de instrumentalización política, procesos sin garantías y uso selectivo del sistema penal.
La designación de Devoe ocurre en paralelo a tres movimientos políticos que no son casuales:
- Ley de amnistía promovida por la Asamblea Nacional.
- Anuncios sobre el eventual cierre de El Helicoide, símbolo de la represión política.
- Mensajes de reconocimiento desde Washington tras contactos con el nuevo liderazgo venezolano.
En su reciente discurso de State of the Union, Donald Trump afirmó:
“…Pero desde la incursión, hemos trabajado con el nuevo liderazgo y han ordenado el cierre de esa vil prisión y ya han liberado a cientos de presos políticos, con más por venir…”
Esa frase no es menor. Supone validación externa de un proceso que busca proyectar rectificación institucional.
En ese escenario, Devoe no llega para dinamitar el sistema que heredó. Llega para administrarlo bajo una nueva narrativa: reconciliación, institucionalidad, normalización.alización.
El cálculo político
El Rodriguismo necesita tres cosas simultáneamente:
- Mantener cohesión interna.
- Reducir presión internacional.
- Abrir canales con Washington sin fracturar al chavismo duro.
Un fiscal con perfil confrontacional dificultaría esa operación. Uno con discurso técnico en derechos humanos facilita la transición.
Devoe ofrece:
- Credenciales formales en materia de derechos humanos.
- Experiencia en defensa del Estado ante organismos internacionales.
- Bajo perfil mediático.
- Lealtad institucional.
No hay elementos públicos que lo vinculen a excesos individuales ni tampoco pruebas de autonomía estructural. Es un funcionario formado dentro del sistema.
Eso, precisamente, lo hace funcional.
¿Cambio real o rebranding político?
El cierre de El Helicoide, las liberaciones parciales y la ley de amnistía dibujan un intento de “borrón controlado”. El Ministerio Público necesita ser presentado como parte de esa nueva etapa.
La pregunta no es si Devoe es más moderado que Saab.
La pregunta es si tiene margen para alterar la lógica que convirtió a la Fiscalía en un actor político.
Hasta ahora, todo apunta a que su rol será administrar una fase de lavado institucional cuidadosamente supervisada por el núcleo de poder.
No cambia el centro de gravedad.
Cambia el rostro que lo representa.
Y en esta nueva etapa del chavismo, el rostro importa.








