La reunión de este martes entre la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y el subsecretario de Energía de Estados Unidos, Kyle Haustveit, ocurrió sin grandes anuncios, pero en un momento en el que Washington y Caracas han comenzado a reconstruir, paso a paso, un canal directo alrededor del petróleo.
El encuentro se produjo en Caracas, en paralelo a una serie de movimientos que, vistos en conjunto, dibujan una misma dirección: mayor presencia de empresas estadounidenses en el sector energético venezolano, acompañada de una flexibilización gradual del régimen de sanciones.
Horas después de la reunión, Rodríguez insistió en un punto que se ha vuelto recurrente en su discurso: las autorizaciones otorgadas por Washington “no ofrecen seguridad jurídica de largo plazo” y resultan insuficientes para sostener inversiones de mayor escala.
Chevron como eje del acercamiento
La visita de Haustveit no fue protocolar. El funcionario estadounidense estuvo en Caracas para acompañar —y dar seguimiento— al acuerdo firmado un día antes entre el gobierno venezolano y Chevron, que amplía la participación de la compañía en la Faja del Orinoco.
Ver: Chevron gana terreno en el petróleo venezolano en medio de la apertura de Delcy
El convenio contempla un intercambio de activos entre la estatal venezolana y la empresa estadounidense, con el objetivo de aumentar la producción en proyectos conjuntos.
Chevron, que mantuvo presencia en el país incluso en los momentos más restrictivos del esquema de sanciones, pasa ahora a ocupar un lugar central en la nueva etapa del sector petrolero venezolano.
La presencia de Haustveit en la firma y en las reuniones posteriores refleja que la operación no se limita a una negociación empresarial. Es, también, un asunto de política exterior.
Licencias, pero con límites
El encuentro ocurre el mismo día en que el Departamento del Tesoro dio un paso adicional al autorizar transacciones con instituciones financieras venezolanas a través de nuevas licencias de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC).
Ver: Washington permite negociar con el Gobierno de Venezuela y activa el canal del dinero
Estas medidas permiten reactivar circuitos financieros básicos —pagos, remesas, operaciones bancarias— necesarios para sostener la actividad petrolera, pero sin desmontar completamente el andamiaje de sanciones.
Ese diseño, que combina apertura y control, ha definido la relación reciente entre ambos gobiernos.
Desde enero, tras la captura de Nicolás Maduro y la llegada de Rodríguez al poder, Washington ha optado por habilitar sectores específicos —especialmente el energético— sin extender esa flexibilización a todo el sistema político y económico.
Una relación que se reconfigura desde la energía
La reunión con Haustveit se suma a una secuencia de contactos sostenidos entre Caracas y Washington en los últimos meses, todos concentrados en el mismo punto: la reactivación de la industria petrolera venezolana bajo nuevas reglas.
El gobierno de Rodríguez, que reformó la legislación para permitir mayor participación privada en el sector, busca atraer capital extranjero en medio de una producción todavía limitada, cercana al millón de barriles diarios.
Para Estados Unidos, el interés es más amplio: asegurar acceso a una de las mayores reservas de crudo del mundo en un contexto internacional marcado por tensiones energéticas.
Lo que deja la reunión
No hubo comunicado conjunto ni anuncios específicos tras el encuentro. Pero la secuencia en la que se inserta —acuerdo con Chevron, nuevas licencias financieras, presencia de funcionarios estadounidenses en Caracas— ofrece una lectura más clara que cualquier declaración formal.
El canal entre ambos gobiernos ya no es excepcional ni discreto. Empieza a adquirir forma institucional, con el sector energético como punto de partida.
Rodríguez, por su parte, intenta empujar ese proceso hacia un siguiente nivel: convertir las autorizaciones temporales en garantías permanentes.
Washington, hasta ahora, avanza con cautela.







