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El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán este 28 de febrero no solo abre un frente militar en Medio Oriente. Abre también un frente documental. Si el régimen islámico se debilita o pierde el control de sus archivos, podrían salir a la luz detalles inéditos sobre más de dos décadas de cooperación estratégica con Venezuela: acuerdos técnicos, rutas financieras, transferencia de tecnología sensible y la emisión de pasaportes a ciudadanos del Medio Oriente. Para un chavismo que ya enfrenta una transición interna tras la salida de Nicolás Maduro, el mayor riesgo no sería militar, sino probatorio. Y los documentos, a diferencia de los discursos, no admiten reinterpretaciones.

El eje Chávez–Ahmadineyad: el momento fundacional

La relación estratégica entre Caracas y Teherán no se consolidó en abstracto. Tuvo protagonistas claros y una etapa definida.

El punto de inflexión fue el alineamiento entre Hugo Chávez (presidente de Venezuela, 1999-2013) y Mahmud Ahmadineyad (presidente de Irán, 2005-2013).

Entre 2005 y 2012:

  • Chávez y Ahmadineyad se reunieron más de una decena de veces en Caracas y Teherán.
  • Se firmaron más de 200 acuerdos bilaterales, según reportes de prensa de la época.
  • Se creó el llamado “fondo binacional” Venezuela–Irán para financiar proyectos industriales.
  • Se impulsaron empresas mixtas en sectores como vivienda, tractores, ensamblaje automotriz y petroquímica.

Durante la visita de Ahmadineyad a Caracas en 2007, ambos líderes anunciaron públicamente la creación de un “eje de unidad” frente a Estados Unidos. En 2010, tras una nueva ronda de sanciones internacionales contra Irán por su programa nuclear, Chávez declaró que Venezuela apoyaría a Teherán “en cualquier circunstancia”.

Ese período no fue retórico: fue institucional. Allí se sembró la arquitectura política que luego heredaron Nicolás Maduro y las autoridades iraníes posteriores.

La continuidad bajo Maduro

Cuando Nicolás Maduro asumió la presidencia en 2013, la relación no se desmontó. Al contrario, se adaptó al nuevo contexto de sanciones simultáneas contra ambos países.

Bajo Maduro:

  • En 2020 se concretaron los envíos de gasolina iraní a Venezuela.
  • Se profundizaron mecanismos de intercambio fuera del sistema financiero occidental.
  • Se formalizó en 2022 el acuerdo estratégico de 20 años entre ambos Estados.

Es importante entender que la relación no fue un accidente ideológico de Chávez, sino una política de Estado sostenida por Maduro.

Una alianza que fue más que diplomática

La relación entre Venezuela e Irán no fue una aproximación coyuntural ni un gesto simbólico. Fue una alianza estructurada, con documentos firmados, cooperación técnica concreta y mecanismos diseñados para resistir sanciones internacionales.

Cooperación energética documentada

Uno de los momentos más visibles de esa relación ocurrió en 2020, cuando cinco buques iraníes cargados con gasolina llegaron a Venezuela para aliviar la escasez de combustible provocada por el colapso de la refinación nacional y las sanciones estadounidenses. La operación fue confirmada por Reuters (mayo de 2020), que detalló cómo los envíos incluyeron alrededor de 1,5 millones de barriles de gasolina y componentes para refinación.

Posteriormente, The Wall Street Journal (2020) reportó que parte del pago venezolano a Irán se realizó en oro, trasladado en vuelos especiales hacia Teherán, como mecanismo para evitar el sistema financiero internacional.

En junio de 2022, los presidentes de ambos países firmaron en Teherán un acuerdo de cooperación estratégica por 20 años, que incluye energía, petroquímica, defensa, agricultura, turismo y tecnología. La firma fue confirmada oficialmente por la agencia estatal iraní IRNA y reseñada por Reuters (11 de junio de 2022), que destacó que el acuerdo buscaba “profundizar la cooperación bilateral frente a las sanciones occidentales”.

Alianza política contra sanciones

Más allá de la energía, Caracas y Teherán consolidaron una narrativa política compartida contra Estados Unidos. En 2020, el entonces ministro iraní de Exteriores, Mohammad Javad Zarif, declaró que ambos países estaban “del mismo lado en la lucha contra el unilateralismo estadounidense”, según reseñó Al Jazeera (mayo de 2020).

Por su parte, Nicolás Maduro calificó repetidamente la relación con Irán como una “alianza estratégica de resistencia”, una expresión recogida en múltiples coberturas de BBC Mundo y Deutsche Welle durante las visitas oficiales de altos funcionarios iraníes a Caracas entre 2020 y 2023.

Asistencia técnica e industrial

La cooperación no se limitó al envío de combustible. En 2021 y 2022, equipos técnicos iraníes participaron en trabajos de rehabilitación de la refinería El Palito y del complejo refinador Paraguaná, según reportes de Reuters (octubre de 2021) y declaraciones de funcionarios de Petróleos de Venezuela (PDVSA).

En materia industrial, ambos gobiernos impulsaron proyectos conjuntos en sectores como producción automotriz, vivienda y tecnología agrícola. La agencia Anadolu (junio de 2022) informó sobre memorandos de entendimiento para ampliar cooperación en manufactura y transferencia tecnológica.

Más allá del discurso

El vínculo, por tanto, no fue únicamente ideológico. Fue operativo. Hubo contratos firmados, intercambios energéticos verificables, presencia técnica iraní en instalaciones estratégicas venezolanas y acuerdos de largo plazo formalizados al más alto nivel.

Como señaló Deutsche Welle (junio de 2022), la relación entre ambos países se convirtió en “una alianza de conveniencia estratégica frente a la presión internacional”, que incluyó mecanismos diseñados explícitamente para evadir o mitigar el impacto de sanciones.

Cooperación en seguridad, tecnología militar y logística

La alianza entre Venezuela e Irán —documentada en la etapa chavista y perfeccionada con acuerdos explícitos— no se limitó al intercambio económico o político. Según múltiples fuentes de prensa, gobiernos y organismos internacionales, existen evidencias creíbles de cooperación en áreas sensibles relacionadas con seguridad, tecnología y logística, que adquieren relevancia crítica en el contexto del actual conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.

Sanciones por transferencia de tecnología militar

En diciembre de 2025, el gobierno de Estados Unidos impuso sanciones contra varias personas y entidades vinculadas a la transferencia de tecnología militar entre Irán y Venezuela, especialmente en lo referente a sistemas no tripulados o drones. El propio Departamento del Tesoro estadounidense señaló que estas transferencias implicaban la adquisición y expansión de capacidades que ambos gobiernos habían desarrollado en conjunto, a menudo con la intermediación de empresas con sede en terceros países para evadir sanciones.

Esta acción fue reportada por Reuters (30 de diciembre de 2025), que destacó que la medida incluía la designación de funcionarios y empresas vinculadas tanto al sector de defensa iraní como a corporaciones venezolanas usadas para canalizar estas operaciones.

Operaciones de transporte logístico bajo sospecha

Más de una investigación periodística internacional ha documentado la existencia de rutas aéreas entre Caracas y Teherán administradas a través de aerolíneas con conexiones opacas a empresas estatales y privadas, incluyendo vuelos que evitaron controles directos sobre carga y manifiestos completos.

En Argentina, por ejemplo, en 2024 se detuvo un Boeing 747 de la estatal venezolana EMTRASUR —operado inicialmente por Conviasa— en el aeropuerto de Ezeiza en medio de sospechas sobre su tripulación y manifiestos de carga relacionados con personal iraní. El caso fue ampliamente cubierto por The New York Times (junio de 2024) y citado por funcionarios del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, que describieron la aeronave como parte de un patrón de vuelos entre Caracas y Teherán que habían eludido controles normativos.

Boeing 747 de EMTRASUR en Buenos Aires

Estas rutas, más allá de ser simples conexiones aéreas comerciales, fueron señaladas por analistas como posibles “canales logísticos” para mover no solo combustibles o repuestos, sino también personal técnico, piezas sensibles y equipamiento dual —civil y militar— sin la transparencia que rige a los vuelos regulares.

Airbus A340 de la iraní Mahan Air en el aeropuerto de Maiquetía, Caracas

Redes financieras y esquemas de evasión de sanciones

Para sostener estas operaciones técnicas y logísticas, Caracas e Irán desarrollaron mecanismos de intercambio de bienes y servicios que se saltaban el sistema bancario tradicional. Tanto Reuters (octubre de 2023) como Deutsche Welle (noviembre de 2023) documentaron acuerdos en los que Venezuela pagó por envíos de gasolina y asistencia técnica con oro, metales preciosos y otros mecanismos alternativos, precisamente para evitar bancos corresponsales sujetos a sanciones occidentales.

Estas estructuras no solo facilitaron el comercio energético, sino que también permitieron movimientos financieros que son, por definición, sensibles desde el punto de vista de la seguridad y la supervisión internacional.

Señalamientos sobre presencia del IRGC y actores no estatales

Organismos de inteligencia de Estados Unidos han señalado repetidamente que la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC) —considerada por Washington como una organización terrorista— y sus afiliados han utilizado vínculos estratégicos para establecer presencia y conexiones en Venezuela, incluyendo supuestos apoyos técnicos y logísticos a redes financieras y operaciones de intercambio.

Un informe de seguridad publicado por The Washington Institute (abril de 2025), basado en fuentes abiertas y documentos oficiales de agencias de inteligencia occidentales, señaló que personal vinculado a la IRGC participó en asesorías técnicas dentro de instalaciones venezolanas, especialmente en áreas de telecomunicaciones y sistemas de vigilancia.

Este punto no es un rumor: fue citado también por The Wall Street Journal (julio de 2025), describiendo cómo agentes técnicos iraníes trabajaron en varios proyectos conjuntos sin una clara supervisión de organismos públicos venezolanos, lo que generó alertas en los servicios de inteligencia estadounidenses.

Pasaportes venezolanos para ciudadanos iraníes y del Medio Oriente: el punto más delicado

Si hay un elemento que podría convertirse en el componente más explosivo de la relación Irán–Venezuela en caso de filtraciones internas del régimen iraní, es la emisión de pasaportes venezolanos a ciudadanos del Medio Oriente, incluyendo iraníes, sirios y libaneses.

No se trata de una teoría. Es un tema documentado por investigaciones periodísticas y mencionado en informes de seguridad estadounidenses.

La investigación de CNN (2017)

En febrero de 2017, CNN en Español publicó una investigación titulada “Pasaportes en la sombra”, basada en testimonios de un exfuncionario del servicio administrativo de identificación venezolano (SAIME). En ese reportaje, el exdiplomático Misael López afirmó que desde la embajada venezolana en Bagdad se habrían emitido miles de pasaportes y visas venezolanas a ciudadanos del Medio Oriente, incluyendo personas sin vínculos reales con Venezuela.

CNN citó documentos internos y testimonios que sugerían que algunos beneficiarios estaban vinculados a organizaciones bajo escrutinio internacional, incluyendo individuos asociados a Hezbollah.

El gobierno venezolano negó las acusaciones en ese momento, pero la investigación provocó reacciones diplomáticas y fue referenciada posteriormente en debates del Congreso de Estados Unidos.

Señalamientos del Congreso de EE. UU.

En 2017 y 2018, durante audiencias del Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, varios expertos en terrorismo y seguridad hemisférica mencionaron el caso venezolano como ejemplo de posible vulnerabilidad documental.

Uno de los testimonios citados en esas audiencias señaló que la emisión irregular de pasaportes venezolanos podría facilitar movilidad internacional a individuos vinculados a redes extremistas, dada la relativa facilidad de entrada que otorga el pasaporte venezolano en múltiples países.

Estos señalamientos no fueron presentados como condenas judiciales, sino como alertas de seguridad ante la posibilidad de que un sistema de identificación nacional hubiera sido utilizado con fines estratégicos.

El rol de Tareck El Aissami

En 2017, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó a Tareck El Aissami, entonces vicepresidente de Venezuela, acusándolo de facilitar redes vinculadas al narcotráfico y de mantener conexiones con actores del Medio Oriente.

Aunque las sanciones no se centraron exclusivamente en el tema de pasaportes, varios reportes de prensa —incluyendo coberturas de The New York Times (2017) y Reuters (2017)— recordaron que durante su etapa como ministro del Interior (2008-2012) se produjeron cambios en la estructura migratoria y documental del país, periodo en el que, según denuncias periodísticas, se habrían emitido pasaportes a ciudadanos extranjeros bajo condiciones irregulares.

Escenarios concretos si el régimen iraní cae o pierde control de sus archivos

La caída del régimen iraní —o incluso una fractura interna que derive en filtraciones masivas de documentos de inteligencia, defensa o diplomacia— tendría efectos que irían mucho más allá de Medio Oriente. Para Venezuela, los impactos pueden clasificarse en tres niveles: legal internacional, sancionatorio y político interno.

Escenario Legal: judicialización internacional

Si emergen documentos internos iraníes que demuestren:

  • Coordinación formal en transferencia de tecnología militar (drones, sistemas de vigilancia).
  • Participación de funcionarios venezolanos en esquemas de evasión de sanciones.
  • Emisión de pasaportes como parte de acuerdos estratégicos.
  • Vínculos operativos con estructuras como el IRGC o redes asociadas.

El impacto inmediato sería jurídico.

¿Qué podría ocurrir?

  • Ampliación de causas penales en EE.UU. bajo leyes de terrorismo, evasión de sanciones o conspiración.
  • Apertura de investigaciones en jurisdicciones europeas si se demuestra uso de documentación venezolana para operaciones en su territorio.
  • Posible activación de mecanismos multilaterales bajo la Convención contra el Financiamiento del Terrorismo.

En este escenario, el foco no sería Venezuela como Estado abstracto, sino personas específicas: ministros, exministros, operadores financieros, directores de organismos migratorios o militares.

Y si los documentos incluyen firmas, transferencias, comunicaciones formales o trazabilidad bancaria, el margen de defensa política se reduce drásticamente.

Escenario de Sanciones: aislamiento reforzado

Incluso si no hay procesos penales inmediatos, la mera publicación de documentos oficiales iraníes tendría efectos sancionatorios.

Posibles medidas:

  • Nuevas designaciones individuales bajo OFAC.
  • Congelamiento adicional de activos.
  • Restricciones ampliadas al sistema financiero venezolano.
  • Sanciones secundarias contra terceros países o bancos que operen con estructuras vinculadas.

Esto sería particularmente delicado en el momento actual, donde el gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez necesita margen financiero y legitimidad externa.

Una revelación documentada podría cerrar cualquier ventana de flexibilización que estuviera en discusión.

Escenario político interno: ¿posible fractura del chavismo bajo tutela estadounidense?

Si el régimen iraní se debilitara o si se hicieran públicos documentos internos que detallaran con precisión la naturaleza de la cooperación con Venezuela, el impacto más profundo podría sentirse dentro del chavismo. Pero hoy ese análisis no puede hacerse en abstracto.

Desde la extracción de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026, Venezuela opera en un esquema de tutela de facto por parte de Estados Unidos, con supervisión directa sobre aspectos financieros, petroleros y diplomáticos. Ese nuevo contexto redefine completamente el margen de maniobra interno.

Durante más de dos décadas, la relación con Teherán fue parte del relato internacional del chavismo: una alianza dentro de un eje de resistencia frente a Washington. Sin embargo, bajo un esquema donde Washington tiene influencia estructural sobre decisiones estratégicas venezolanas, esa narrativa pierde capacidad operativa.

Si eventuales revelaciones documentales mostraran cooperación sensible en materia de seguridad, logística o documentación, el debate interno no giraría solo en torno a ideología, sino en torno a riesgo de supervivencia política bajo supervisión externa.

En ese contexto podrían perfilarse tres corrientes dentro del chavismo:

Sector pragmático (militar–económico) bajo lógica de contención

En el escenario actual, este sector cobra mayor relevancia que en etapas anteriores. Con Estados Unidos ejerciendo presión estructural, los actores militares y económicos que buscan estabilidad podrían priorizar:

  • Distanciamiento institucional explícito de acuerdos sensibles con Irán.
  • Colaboración limitada con revisiones externas si eso reduce sanciones.
  • Reacomodo del poder hacia figuras menos comprometidas documentalmente.

Aquí la lógica no sería ideológica, sino de supervivencia del aparato estatal bajo tutela. La pregunta para este sector no sería “defender el eje antiimperialista”, sino “evitar que nuevas revelaciones justifiquen una intervención más profunda”.

Sector ideológico más rígido en posición defensiva

Un grupo más doctrinario podría intentar mantener la narrativa de confrontación, presentando cualquier filtración como parte de una estrategia de presión internacional.

Sin embargo, bajo la actual correlación de fuerzas —con Washington influyendo en la arquitectura económica y política— este sector tendría un margen reducido. La confrontación abierta podría traducirse en consecuencias inmediatas: nuevas sanciones, bloqueo de recursos o mayor aislamiento.

Por eso, incluso si mantiene discurso duro, su capacidad de imponer agenda sería más limitada que en la etapa previa a enero de 2026.

Sector silencioso orientado a preservar estructura

En sistemas centralizados sometidos a presión externa, suele consolidarse un tercer grupo: cuadros militares, técnicos y administrativos cuyo objetivo es preservar la continuidad institucional evitando choques directos.

Si surgieran documentos comprometedores desde Irán, este sector podría inclinar la balanza hacia:

  • Ajustes internos discretos.
  • Sustitución de figuras expuestas.
  • Alineamientos tácticos con la tutela estadounidense para evitar escaladas.

En este punto, la fractura no necesariamente se expresaría en rupturas públicas, sino en movimientos graduales de poder, reubicaciones estratégicas y silencios calculados.

El factor determinante: la tutela de EE. UU.

A diferencia del pasado, cualquier fractura interna del chavismo hoy ocurre bajo un condicionante externo claro.

Si documentos iraníes revelaran cooperación sensible con Caracas, Washington tendría tres instrumentos inmediatos:

  • Presión financiera.
  • Revisión de flexibilizaciones.
  • Condicionamiento político directo sobre el liderazgo interino.

Eso significa que las decisiones internas del chavismo ya no se toman únicamente en función de cohesión ideológica o cálculo doméstico, sino también bajo la sombra de una supervisión externa activa.

Si Irán cae o sus archivos se hacen públicos, el impacto interno en Venezuela no dependerá solo del contenido de los documentos, sino del contexto estructural actual.

En un chavismo bajo tutela estadounidense:

  • El sector pragmático tendría incentivos para distanciarse rápidamente.
  • El sector ideológico tendría menos capacidad real de imponer resistencia.
  • El sector institucional buscaría preservar estabilidad evitando una confrontación frontal.

La posible fractura no sería inmediata ni necesariamente visible. Pero el equilibrio interno podría reconfigurarse de forma más rápida y profunda que en cualquier etapa anterior, precisamente porque hoy el margen de autonomía estratégica del chavismo es menor que nunca.


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