No es frecuente que alguien en ejercicio del poder decida hablar en esos términos. Y menos cuando lo hace desde dentro del propio Gobierno.
Angie Rodríguez no es una voz externa ni una exfuncionaria distante. Sigue siendo parte del Ejecutivo. Fue directora del Departamento Administrativo de la Presidencia (DAPRE), uno de los cargos más sensibles de la Casa de Nariño, con acceso directo al despacho del presidente Gustavo Petro y a las decisiones que marcan el rumbo del Gobierno. Hoy, como gerente del Fondo de Adaptación, continúa al frente de una entidad que administra recursos públicos clave para obras en zonas vulnerables del país.

Desde esa posición —es decir, desde adentro— habló. Y lo que dijo en Blu Radio no fue una diferencia administrativa ni una disputa menor. Fue una denuncia que atraviesa su seguridad personal, el manejo de recursos públicos y el funcionamiento interno del Gobierno.
“Yo había sido muy respetuosa del curso de las investigaciones… pero al no ver resultados y al verme amenazada y extorsionada y sin la seguridad que debería tener, decido hablar”
Rodríguez asegura que lleva meses denunciando. Que desde noviembre ha entregado información a las autoridades. Que incluso construyó una carpeta con lo que describe como pruebas. Durante ese tiempo, dice, guardó silencio para no convertir el conflicto en una crisis pública dentro del propio Gobierno.
Pero ese silencio, según su versión, se rompió cuando sintió que su seguridad estaba en riesgo.
“Cuando yo lo que veo es una red donde presuntamente hay un concierto para delinquir en mi contra… donde cada uno tiene un rol y un papel determinado para quererme exterminar»
No habla de hechos aislados. Habla de una estructura.
En ese contexto ubica la extorsión que, según relata, sufrió desde dentro del propio Fondo de Adaptación. Dice que fue amenazada, vigilada, que le escribían describiendo sus movimientos.
“Me dicen que me tienen vigilada, que me espían… entonces uno con qué tranquilidad hace alguna denuncia en Colombia”
Asegura que entregó chats y pruebas a la Fiscalía y al Gaula. Que identificó patrones en los mensajes. Que llegó a la conclusión de que el responsable era alguien cercano: un funcionario de la entidad.
Y decidió enfrentarlo.
“Yo le dije: yo ya sé todo… de manera voluntaria vas a firmar y te vas de acá. Y el tipo firmó y salió y se fue»
Según su relato, ese mismo hombre le hablaba de conexiones dentro del Gobierno.
“Él dice que tiene línea con Juliana, con el señor Carlos Carrillo”
Rodríguez no afirma responsabilidades directas, pero deja planteada una relación que, en el contexto de sus denuncias, adquiere peso político.

Ahí es donde la historia deja de ser personal.
Porque lo que describe es un entorno donde —según ella— operan intereses organizados desde dentro del Estado. Y donde, además, se estaría filtrando o manipulando la información que llega al presidente.
Sin rodeos, lo plantea así:
“Al presidente lo tienen engañado”
La frase no es cualquier cosa. Sugiere que decisiones de alto nivel podrían estar basadas en información distorsionada o interesada.
Ese punto conecta con uno de los episodios más delicados que mencionó: la salida del general William René Salamanca Triana de la Policía Nacional. Según Rodríguez, al presidente se le hizo llegar una versión según la cual el General estaría aliado con el alcalde de Medellín, Federico “Fico” Gutiérrez, en un supuesto complot contra el Gobierno.
Rodríguez desmiente esa versión de forma tajante.
Lo que plantea es que esa información —que terminó teniendo consecuencias reales— formaría parte de ese mismo circuito de manipulación.
Es decir: decisiones de Estado tomadas sobre bases que, según ella, no son ciertas.
En medio de ese panorama aparece otro nombre: Juliana Guerrero.
Rodríguez evita explicar por qué tiene tanto poder. No entra en detalles sobre su origen o su rol formal. Pero sí deja algo claro: su influencia es amplia, incluso sin ocupar un cargo oficial dentro del Gobierno.

«Juliana Guerrero maneja todo»
No es una frase casual. Es una descripción de poder real.
Y en ese entramado aparece otro elemento clave: el dinero.
Rodríguez dirige hoy una entidad que tiene, según su testimonio, cerca de un billón de pesos comprometidos en proyectos. Recursos ya asignados. Dinero en ejecución.
Y, según su versión, eso también está en disputa. Afirma que en esa red de extorsión qué denuncia hoy, hay intereses de hacerse con los recursos.
«Yo tengo que proteger la plata»
Cuenta que ha tomado decisiones para blindar esos recursos, incluyendo esquemas con organismos internacionales, precisamente para evitar interferencias internas. Sugiere que hay intereses que buscan acceder a esos fondos.
Que hay presión. Que hay movimientos.
Y que parte del conflicto tiene que ver con eso.
En ese contexto, surge una de las preguntas más incómodas de la entrevista: ¿por qué sigue en el Gobierno?
Su respuesta no es política. Es de supervivencia.
Rodríguez dice que quedarse es una forma de protegerse.
Explica que hoy cuenta con un esquema de seguridad que no depende de la voluntad de la Unidad Nacional de Protección (UNP), sino de un contrato propio del Fondo de Adaptación. Un esquema que, según afirma, está obligado a mantenerse por la naturaleza de la entidad.
Y contrasta eso con lo que vivió en el DAPRE.
Allí, asegura, le retiraron la protección.
Permanecer donde está, entonces, no es —según su versión— una decisión de lealtad política, sino una medida de seguridad personal.
«Yo temo por mi seguridad y por mi vida»
Lo repite. Lo sostiene. No lo matiza.
En medio de todo, aparece una reflexión política que atraviesa la entrevista.
«Esto no fue por lo que la gente votó»
No es una frase técnica. Es una lectura del proyecto político que se le ofreció a los colombianos y que resultó en que Gustavo Petro fuese electo como Presidente de Colombia.
Y la acompaña de otra que busca marcar un límite institucional:
“Esto es una democracia, no una dictadura”
Lo dice como afirmación, pero también como advertencia.
Porque todo lo que describe —amenazas, extorsión, redes internas, manipulación de información, disputas por recursos— ocurre dentro de ese mismo marco que, en teoría, debería garantizar controles y equilibrio.
La entrevista no cierra nada.
Abre, más bien.
Abre preguntas sobre el funcionamiento interno del Gobierno, sobre las decisiones que se toman en el nivel más alto y sobre quién influye realmente en ellas.
Pero, sobre todo, deja algo claro: no es una denuncia desde afuera.
Es alguien que está adentro, que llegó a ser considerada como la persona con más poder dentro del Gobierno después del Presidente y hoy, hace denuncias qué exponen redes de poder, extorsión, corrupción. Qué teme por su vida e integridad y que, se mantiene sentada en el gobierno qué hoy abiertamente cuestiona, como forma de protegerse ella y los recursos que maneja la institución qué hoy denuncia.
Rodriguez lanza una frase que en otro contexto podría pasar como desapercibida o alarmista.
Y que decidió hablar.
Yo no pretendo atentar contra mi vida»
Escuche la entrevista completa en Blu Radio







