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Trump dice que “tomar Cuba sería un gran honor” mientras crecen las protestas contra el régimen

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este lunes que “tomar Cuba sería un gran honor”, una declaración que llega en medio de la crisis energética más severa que ha enfrentado la isla en décadas y de un aumento visible de protestas contra el gobierno de Miguel Díaz-Canel.

Durante un intercambio con periodistas en la Casa Blanca, Trump respondió a una pregunta sobre el futuro de la isla con una frase que rápidamente generó repercusión en el debate político regional.

“Taking Cuba would be a great honor”
(“Tomar Cuba sería un gran honor”).

Cuando un reportero le pidió confirmar lo que acababa de decir —“Taking Cuba?”— el mandatario respondió:

“Taking Cuba… taking Cuba in some way, yes. Whether it’s liberating it or taking it.”
(“Tomar Cuba… tomar Cuba de alguna manera, sí. Ya sea liberarla o tomarla”).

Trump añadió además:

“I could do whatever I want with it.”
(“Podría hacer lo que quisiera con ella”).

Las palabras del presidente estadounidense llegan en un momento especialmente sensible para Cuba, donde la combinación de escasez de combustible, apagones prolongados y deterioro económico está generando una creciente presión social.

Un discurso que mezcla presión política y narrativa de “liberación”

Las declaraciones del lunes no surgieron de forma aislada. Un día antes, durante una conversación con periodistas a bordo del avión presidencial estadounidense, Trump había descrito la situación del país en términos igualmente duros.

“Cuba is a failed nation.”
(“Cuba es una nación fracasada”).

El mandatario añadió:

“They have no money, they have no oil, they have nothing.”
(“No tienen dinero, no tienen petróleo, no tienen nada”).

Al mismo tiempo, reconoció las características geográficas de la isla.

“But it’s a beautiful place… beautiful land.”
(“Pero es un lugar hermoso… una tierra hermosa”).

Estas frases reflejan la narrativa que la administración estadounidense ha utilizado en semanas recientes para explicar su política hacia La Habana: aumentar la presión económica mientras insiste en que el sistema político cubano enfrenta un deterioro estructural.

Ver: El cerco sobre Cuba: petróleo, poder y la estrategia hemisférica de Trump

Protestas y señales de un miedo que empieza a romperse

Las declaraciones de Trump coinciden con un aumento visible de protestas dentro de Cuba, algo poco habitual en un país donde la disidencia pública ha sido reprimida durante décadas.

Uno de los episodios más recientes ocurrió en la ciudad de Morón, en el centro de la isla, donde una manifestación nocturna terminó con un ataque contra la sede local del Partido Comunista, la única fuerza política permitida en el país.

Según imágenes difundidas en redes sociales, manifestantes arrojaron piedras contra el edificio, sacaron muebles al exterior y les prendieron fuego mientras gritaban “¡Libertad!”. En algunos videos también se escuchan detonaciones y se observa a una persona que aparentemente resulta herida, aunque las autoridades cubanas no confirmaron disparos.

Expertos en política cubana señalan que el episodio es inusual incluso dentro del historial de protestas recientes en la isla. Durante las manifestaciones nacionales de 2021 —las mayores desde la revolución de 1959— la mayoría de las acciones se dirigieron contra estaciones de policía o edificios estatales, pero no contra sedes del Partido Comunista, el centro simbólico del poder político en el país.

Investigadores que monitorean la situación señalan además un incremento sostenido del descontento social. De acuerdo con organizaciones que siguen las protestas en la isla, las expresiones de disenso habrían pasado de unas 30 en enero a más de 130 durante la primera quincena de marzo.

Para muchos analistas, estos episodios reflejan un cambio gradual en la relación entre la población y el poder político. Tras casi siete décadas de control político, parte de la sociedad cubana parece estar perdiendo el temor a expresar abiertamente su frustración frente al deterioro de las condiciones de vida.

Una crisis energética que golpea a toda la isla

El detonante inmediato del malestar social es la profunda crisis energética que enfrenta el país.

Durante más de dos décadas, el sistema económico cubano dependió en gran medida del petróleo subsidiado enviado por Venezuela como parte de la alianza política construida entre ambos gobiernos. Ese flujo permitió sostener la generación eléctrica, el transporte público y parte importante de la actividad industrial de la isla.

La situación cambió drásticamente en enero de 2026 tras la operación militar estadounidense que terminó con la captura del líder venezolano Nicolás Maduro y abrió una transición política supervisada internacionalmente en Caracas.

La reconfiguración del poder en Venezuela alteró el sistema de suministro energético que durante años había sostenido a Cuba. El petróleo dejó de fluir como parte de un acuerdo político automático y pasó a depender de nuevas condiciones comerciales y regulatorias.

En paralelo, Washington ha ampliado sanciones y advertencias a empresas y países que participen en el suministro de combustibles a la isla, una estrategia destinada a aumentar la presión sobre el gobierno cubano.

La Habana reconoce la gravedad del momento

La magnitud de la crisis ha sido reconocida públicamente por el propio gobierno cubano.

A comienzos de marzo, Díaz-Canel afirmó durante una reunión del Consejo de Ministros que el país necesita aplicar “de inmediato” transformaciones profundas en su modelo económico y social, en medio de apagones prolongados, escasez de combustible y deterioro de varios servicios básicos.

Ver: Díaz-Canel admite que el modelo económico necesita cambios urgentes y apertura a diálogo con Washington

El mandatario también confirmó que funcionarios cubanos han sostenido conversaciones con Washington “para buscar, por la vía del diálogo, la posible solución a las diferencias bilaterales” entre ambos países.

Hasta ahora, el gobierno cubano insiste en que esas conversaciones no incluyen cambios políticos en el sistema de poder de la isla.

Cuba en el centro de una nueva dinámica regional

Más allá de la retórica política, el debate sobre el futuro de Cuba ocurre dentro de una disputa geopolítica más amplia.

En Washington existe la percepción de que el debilitamiento del eje Caracas–La Habana abre una oportunidad para redefinir el equilibrio político en el Caribe. Al mismo tiempo, potencias como China y Rusia mantienen intereses estratégicos en la región que forman parte de una competencia global por influencia.

En ese contexto, las declaraciones del presidente estadounidense se interpretan como parte de una estrategia más amplia que combina presión económica, diplomática y energética sobre el gobierno cubano.

Mientras la isla enfrenta apagones recurrentes y un creciente malestar social, el Caribe vuelve a convertirse en un espacio donde se cruzan intereses regionales y globales.

Las próximas decisiones que se tomen tanto en Washington como en La Habana podrían definir no solo la estabilidad interna de Cuba, sino también el rumbo del equilibrio político del hemisferio en los próximos años.


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